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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
(D) 420 hierbas
#46
La bestia colmilluda buscaba acertar al peliblanco, quien ya comenzaba a cansarse. Aun así, tenía que soportar el tiempo suficiente como para que su compañera terminase la extracción… Aquello parecía un poco injusto, teniendo en cuenta que el jabato estaba disfrutando alegremente de su revolcón; pero con una madre como aquella, era natural que no tuviese miedo de otras criaturas.

Cielos… —se quejó cuando un colmillo demasiado cercano rasgo su pantalón.

Por un instante considero el esgrimir su arma, pero mutilar a la madre jabalí no era algo que estaba dentro de su política de mantener el combate y la violencia al mínimo. Con aquella situación tan complicada solo le quedo recurrir a la efectiva, pero nada honorable táctica de tomar rehenes: se agacho y aferro entre sus manos al pequeño jabalí, sosteniéndolo frente a él como si fuese un escudo tierno.

¡Listo, Kazuma-san! —grito, Ranko.

Bien, ya nos vamos —le dijo a la madre jabalí, mientras él retrocedía—. Mantengamos la calma y no habrá necesidad de que nadie resulte herido.

No estaba seguro de si aquello funcionaria, pero si la bestia dudaba de atacarle lo suficiente (por temor a lastimar a su cría) retrocedería hasta acercarse a un árbol, a cuál subiría luego de liberar a su rehén.
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#47
Los genin se salieron con la suya —por el momento— y terminaron a la huida de la casi decena de simios chillones y de manos largas. Los malditos adictos a la taidonka no llegaban a alcanzarlos en velocidad, pero poco a poco iban consiguiendo cercarlos, cual corceles en mitad de un establo. Etsu miró por un instante hacia atrás, tenía que buscar la manera de dejarlos atrás. Pero estaba jugando en el campo visitante, ellos eran los dueños de la cancha, y conocían a la perfección el sitio.

¿Cómo hacerlo entonces?

Por un instante, la voz del abuelo golpeó su cabeza. —El mejor ninja es aquél que usa a su favor todo lo que tiene a mano, no el que más sufre para ganar de manera limpia. —La bombilla se iluminó en su cabeza, una idea había surgido en tan estrépita e improvisada huida.

Juntó ambas manos. Carnero, serpiente y tigre. Con esa rápida sucesión de sellos manuales, un par de chicos mas se unió a la trifulca.

¡Bunshin no jutsu!

Los nuevos fichajes, lejos de emprender la huida al igual que Etsu y Akane, quedaron en el mismo hongo donde aparecieron, se dieron la vuelta y encararon a los primates mostrando una actitud agresiva. No dudaron en mostrar sus garras y dientes, así como una mirada de ceño fruncido que amenazaba con intención de atacar.

Fuesen o no demasiada distracción, el dúo de Inuzukas tornarían hacia el este, de donde percibían ese insinuante aroma a taidonka. Cruzaron una decenas de metros mas, saltando de hongo en hongo. Tuvieron hasta que tomar un poco de altura. Pero una vez lo hicieron, allí vieron un ejemplar tan vigoroso y saludable como el primero. Pero un nuevo peligro acechaba, un par de primates mas que andaban buscando quizás lo mismo que los shinobis. Ni se lo pensó Etsu. Con todas sus fuerzas, saltó directo y sin titubeos hacia la planta con un grito gutural en pos de asustar a los monos.

¡¡GROAAAAAAAWWWWHH!!

Akane también anotó la diferencia, haciendo como que se abalanzaba sobre ellos. Ésto le daba al de orbes verdes unos escasos segundos extra, lo justo y necesario para tomar la flor y salir de nuevo corriendo. Obviamente, Akane solo amagaría la acción, tras dar tiempo a Etsu a tomar la planta, retornaría y huirían los dos.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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#48
Ranko se asustó un poco cuando Kazuma tomó a su rehén porcino, pero suspiró de alivio cuando lo soltó al subir a los árboles, tras ella. Aunque no pensaba que el chico fuese a hacerle daño al jabato, pues ya había demostrado ser alguien bastante calmado.

El jabalí guarrió y gruñó cuando el peliblanco tomó a su cría, visiblemente más molesto que antes, pero detuvo sus embestidas. Sin embargo, en cuanto el jabato estuvo libre, se lanzó en persecución de ambos. Aunque no podía alcanzarlos en los árboles, intentaba darle de cabezazos a las plantas para que los ninjas cayeran, sin mucho éxito. Después de unos minutos, el jabalí se detuvo, gruñó un par de veces más y regresó a atender a su cría.

Ranko suspiró audiblemente.

M-me alegra que no nos haya seguido más…

Por una parte, habían conseguido dos de las cinco hierbas, y en sus porciones completas. Harían falta sólo la manerikko y la niratsubu, las cuales crecían juntas, según las notas de Kazuma. Y esperaba que Etsu hubiese conseguido ya las taidonka. Fue entonces hacia el este, saltando de árbol en árbol tal como habían hecho a seguir al jabato, aunque pronto se daría cuenta de que ésto tal vez ya no fuese necesario. Por ello, después de algunos metros más bajó al nivel del suelo, andando con prisa entre las hierbas.

C-creo que ya es seguro… ahm… ir por tierra. Ehm… ¿Ha-hacia dónde quedan los acan… ehm… acantilados de la c-costa, Ka… Kazuma-san?

Seguiría, entonces, si el peliblanco le daba alguna dirección. Si no, seguiría andando hacia lo que creía era el este.

¿C-cree que a Inuzuka-san le esté yendo bien?


Los Inuzuka habían recurrido al ninjutsu para detener a sus perseguidores. Un par de figuras idénticas a Etsu y a Akane aparecieron en una nubecita de humo, preparados para encarar a los monos. Los primates detuvieron su avance un poco, pues no entendían de dónde habían venido los dos nuevos Inuzuka. Cuando habían juntado el valor para lanzarse sobre ellos, los clones se colocaron en posición agresiva, lo cual hizo que la manada chillara de miedo una vez más y retrocediera algunos árboles. Entre sus ramas, gritarían y se balancearían, tal vez intentando intimidar a los falsos ninjas. Comenzarían también a lanzarles frutas y pedazos de hongos, como lo habían hecho previamente.

Mientras tanto, los dos chicos origniales se adelantarían hasta la flor, llegando antes que los monos recién llegados, asustándolos no solo con un potente rugido, sino con el amague de un ataque por parte de Akane.

Una vez tomada la última taidonka, escucharían un chillido levemente diferente varios metros detrás. Los clones habían desaparecido al ser impactados por las frutas, y los monos gritaban en confusión, pues el truco les había hecho olvidar a los dos Inuzuka originales.

Aunque Etsu no lo sabía, el equipo encargado de la misión estaba a menos de la mitad de terminar su encomienda.


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#49
La situación de rehenes no paso a mayores, y el villano (que era Kazuma ante los ojos de la madre jabalí) se retiró cobardemente hacia los árboles, quedando fuera del alcance de una justicia formada por dos largos y peligrosos colmillos.

C-creo que ya es seguro… ahm… ir por tierra. Ehm… ¿Ha-hacia dónde quedan los acan… ehm… acantilados de la c-costa, Ka… Kazuma-san?

Hacia allá —aseguro, luego de orientarse respecto al sol y señalando al norte-este.

¿C-cree que a Inuzuka-san le esté yendo bien?

Parece el más experimentado, así que... ¡Ouch! —se quejó en cuanto se adelantó a Ranko y sintió la picadura de un insecto mientras oteaba el cielo.

La mordedura no había sido tan fuerte como sorpresiva. El hecho era que no esperaba que algún insecto se atreviese a darle una nalgada. Pero al girarse sobre sí mismo comprobó que su morena retaguardia estaba medio expuesta; sin duda cortesía del último ataque de aquella jabalí.

Ya decía yo que sentía una brisa fresca —aclaro con calma, mientras levantaba los girones de tela.
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#50
Una vez tuvo la planta en mano, el Inuzuka y su hermano tomaron rumbo hacia el resto del equipo. Como buen rastreador, o sabueso, tenía captado el aroma de la chica. No debería pasar demasiado tiempo hasta que la encontrasen. Bueno, si es que no todo jugaba en su contra, pues aunque apenas lo percibió, un chillido un tanto diferente se alzó al resto. Pero bueno, fuese como fuese, ya tenían las plantas y no había motivo para permanecer mas allí.

Como una bala, los Inuzukas tomaron camino, saltando de sombrero en sombrero, aprovechando la altitud que ya habían tomado. Aunque no lo sabía, ya casi habían terminado. Eso sería una nueva que recibiria de buena gana al llegar. O no.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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#51
Kazuma no tardó en ponerse a la cabeza y andar frente a Ranko, dirigiéndola hacia los acantilados. La chica asintió y siguió tras él, mientras el peliblanco decía que Etsu parecía el más experimentado del grupo. De repente, soltó un quejido.

Ranko, siguiendo por instinto los movimientos del chico, atisbó algo de piel morena entre las ropas de Kazuma. Entendió lo que había pasado cuando él mencionó haber sentido una brisa. La kunoichi se tornó roja y se tapó los ojos con las manos.

¡L-l-l-l-lo s-s-s-si-si-ento, Ka-kazuma-s-san! ¡N-n-no fue…! ¡Y-y-yo no…! ¡L-l-le juro q-que no vi na-nada! —soltó con voz apenada y aguda en exceso.

No supo qué hacer. Seguiría andando si el chico continuaba el camino, aunque intentaría ver solo el rastro de hierbas moviéndose que dejaba al seguir, evitando verlo directamente por la pena. Kazuma sonaba calmado y tranquilo como siempre, pero el que la situación tuviese que ver con la retaguardia semidescubierta de otra persona le hacía sentir a Ranko bastante incómoda.

Por un momento olvidó que tenían que con rumbo a los acantilados para buscar las últimas hierbas.


Pronto, el ruido de los monos confundidos quedó atrás, y el leve rastro de la kunoichi de la trenza delante, guiando a los hermanos Inuzuka. Etsu y Akane pasaron un buen rato corriendo y saltando entre los árboles, sin más que el sonido de los animales lejanos y el aroma húmedo del bosque. Curiosamente, podía seguir percibiendo el ínfimo aroma de la taidonka, aunque solo vería las hierbas, sin flor alguna.

Minutos después, los hongos de los árboles disminuirían en tamaño cuanto más se alejaba Etsu del corazón del bosque. Asimismo, los árboles en sí se harían menos robustos y entrelazados, menos amenazadores.

De repente, ambos sentirían un olor familiar de nuevo: el encantador aroma a tocino. Si seguían el rastro de Ranko, pronto el aroma a carne frita se haría más y más intenso. Al igual que varios minutos antes, sentirían el olor, mas no el sonido de la carne en el aceite.

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#52
Kazuma sonrió, divertido por la intensa reacción de Ranko; aunque también podía sonreír por el hecho de que un pantalón rasgado era un daño insignificante tras la embestida de un enorme jabalí. Como mejor pudo compuso sus ropas, arremangado allí y atando por allá. Finalmente se consideró lo suficientemente presentable, lo suficiente para no incordiar a su compañera.

Ya puedes mirar, Ranko-san —aseguro, ya sin su retaguardia al descubierto; aunque su pierna izquierda era ahora la desnuda.

En cuanto la muchacha estuviese un poco más calmada, el moreno se orientaría y seguiría su trayectoria hacia los acantilados. En aquel sitio, que no debía de estar muy lejos, podrían continuar con su misión.
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#53
El chico saltó al siguiente sombrero «¡bien, ya tenemos las plantas éstas, ahora a por las siguientes!», saltó de nuevo, logrando aterrizar en un hongo un poco mas pequeño. Tras éste, saltó al siguiente, y así continuaba su carrera a toda velocidad por el bosque. A su vera, el can no se separaba de Etsu, aún con la apariencia del rastas.

¡Vamos, ya queda poco!

La suerte parecía sonreír al dúo. Al menos por el momento. Sin embargo no era hora de bajar la guardia, tenían aún parte de la misión por ejecutar, y aún no sabían si el resto del equipo había podido realizar la otra parte de la misma. Fuese como fuese, lo primordial era la velocidad.

«¿Otras vez...?» volteó la mirada, buscando la procedencia de ese aroma tan poco sutil a tocino «¿qué diantres será? ¿algún cazador o paisano del lugar...?»

Aunque no debía hacerlo, el pobre chico era como un gato en ese sentido, y no podía evitarlo. La curiosidad mató al gato, y quizás a Etsu lo llagase a hacer en algún momento, pues de curiosidad no escaseaba. Desvió su rumbo, esperaba que levemente. Los hongos ya casi eran inexistentes, ahora solo quedaban árboles normales a su alrededor. Pero eso no detuvo el avance de los Inuzukas, eran ágiles y diestros en esa tarea; avanzar a toda velocidad de árbol en árbol.

¿Qué encontrarían?
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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#54
Después de que su compañero le dijera que podía mirar, Ranko esperó unos segundos para alzar la mirada, muy tímidamente.

Ka… Kazuma-san… ¿l-le hirió e-el jabalí? ¿Se encuentra bien, Kaz… Kazuma-s-san? —No se le quitaba el color del rostro, pues verle la retaguardia a alguien era algo que no sucedía todos los días. Bajo ninguna circunstancia, añadiría ella.

Después de andar varios minutos, los árboles comenzarían a ceder, abriéndose lentamente a un cielo azul, brillante. El mediodía les había alcanzado y el viento del acantilado pronto les abofeteó como un amigo demasiado confiado. Los imponentes árboles fueron sustituidos por arbustos y hierbas, y alguna que otra palmera. Al nivel al que estaban no verían ni niratsubu ni manerikko, pero si se asomaban podrían ver que la roca formaba varias plataformas estrechas donde crecían diversas plantas.

Oh… Bueno… Al menos no… Al menos no habrá ja-jabalíes en l-la pared del risco… —Ranko soltó una risita que parecía ligeramente forzada. Habría que bajar con sumo cuidado para buscar aquellas hierbas.


Cada vez más cerca, Etsu se dejaría seducir por el aroma a tocino tan fuera de lugar en el Bosque de Hongos. Los Inuzuka irían a por el olor, modificando su ruta algunos grados hacia el norte. Se darían cuenta de que no estaban tan fuera de rumbo, pues el origen de aquella esencia no estaba tan alejado.

Un par de minutos después, llegarían al epicentro aromático: un arbusto de hojas cafés y amarillas, con varias flores tubulares que surgían entre ellas. Cuanto más abiertas estaban las flores, más parecido a una tira de tocino bien frita tenían. Por un lado, no, no era la suculenta carne que posiblemente habían imaginado. Por otro recordarían tanto la apariencia de la baiko como la referencia olfativa que la señora Taitama les había dado: habían encontrado otra de las hierbas. El aroma de la flor era demasiado similar al de aquel corte de cerdo, frito hasta estar deliciosamente crujiente.

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#55
Ka… Kazuma-san… ¿l-le hirió e-el jabalí? ¿Se encuentra bien, Kaz… Kazuma-s-san? —No se le quitaba el color del rostro, pues verle la retaguardia a alguien era algo que no sucedía todos los días. Bajo ninguna circunstancia, añadiría ella.

Estoy bien, solo fue una rasgadura en el pantalón.

No paso mucho tiempo de marcha hasta que llegaron al Acantilado Rompe-Olas, donde les recibió el estrépito del agua contra las rocas.

Oh… Bueno… Al menos no… Al menos no habrá ja-jabalíes en l-la pared del risco… —Ranko soltó una risita que parecía ligeramente forzada. Habría que bajar con sumo cuidado para buscar aquellas hierbas.

Aun así, hay que tener cuidado —apunto, acercándose al borde para percibir el vértigo y el aire marino—. Hay un montón de salientes, pero desde aquí no distingo las plantas que en ellas crecen… Quizás halla que bajar hasta allí y verlas de cerca, ¿no?
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#56
Imbuidos por el intenso aroma tan exquisito, el par de genin realizó una rápida y fugitiva búsqueda del epicentro del olor. Tuvieron que desviarse un rato del camino, pero la curiosidad le podía a Etsu. Salto tras salto, se acercó acompañado de Akane, llegando hasta una zona que rebosaba ese intenso olor a tocino frito. Pero por mas que afinaron el oído, el olor andaba descompasado. No había ninguna fuente de calor que estuviese friendo la carne, no había ningún ruido que delatase a una persona friendo el tocino...

Sin embargo, si que había unas curiosas plantas de tallos color caoba casi, y de hojas café y amarillas. Por un momento dudó, no entendía qué sucedía. Pero casi al instante, miró a Akane. Se trataba de eso.

Ostras, son otras de las plantas que estábamos buscando, ¿verdad?

Ababaur —afirmó Akane.

Pero, por desgracia no tenían mas bolsas para guardar las plantas. Llevarlas en un bolsillo sería condenarlas a una destrucción rápida y dolorosa, y llevarlas simplemente en las manos... pues quizás no sobreviviesen tampoco, la verdad. Tenían parte de la misión justo frente a ellos, pero no podían tomarla.

A Etsu se le escapó un suspiro de resignación.

Lejos de desistir, Akane —que había entendido la situación antes que Etsu— comenzó a mear justo en la base de un árbol cercano. Con toda la tranquilidad del mundo, y de manera realmente sonora. El de las rastas no pudo evitar echarle una mirada un tanto hiracunda, pero casi al instante cambió su estado de ánimo.

Eres el puto amo, hermano.

Teniendo la zona marcada, podían seguir el camino y volver al sitio sin problema alguno. Ahora solo quedaba buscar al resto, tomar una bolsa y regresar. No podían perder mas tiempo...

Sin mas, volvieron a correr en busca del resto del grupo.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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#57
Kazuma le confirmó que estaba bien, ante lo cual Ranko soltó un suave suspiro de alivio. Asintió, concordando en el cuidado que debían de tener al bajar. Consultó las notas del chico.

La niratsubu es… una flor blanca de tallos largos y delgados, con estambres gruesos. Y el mannerikko es un musgo ¿con forma de estrella? Es bastante duro, al parecer. ¡B-bien! Aunque… Aunque casi t-terminamos, ha-hay que avanzar lentamente aquí. C-creo.

Se acercó al borde, con una rodilla al suelo, examinando el risco. Parecía lo suficientemente sólido. Al menos por el momento. Respiró profundamente como quien se lanza a una piscina de tres metros, y bajó una pierna. Luego se apoyó de sus manos y concentró chakra tanto en ellas como en sus pies. Comenzó a descender lentamente, intentando agarrarse de las salientes, pero asegurándose de no caer gracias a la escalada vertical.

¿P-puede se-seguirme, Kazuma-san? —Supuso que, al ser él un genin como ella, tendría la misma habilidad shinobi para escalar paredes sin problema. Sin embargo, Ranko no quiso darlo por sentado.

Bajaría entonces con sumo cuidado, hasta la estrecha plataforma de tierra que estaba unos metros abajo del borde del risco. Había un arbusto de hojas delgadas, pero no era lo que buscaban. A pesar de ello, entre más descendieran, más fácil sería divisar el resto de las hierbas. Siempre que la roca no se rompiera bajo su peso. O que un fuerte viento los hiciera caer. O que unos terroristas ecológicos atacaran el risco y su no tan abundante flora.

Ranko tragó saliva, un poco nerviosa.


Los hermanos Inuzuka no podían llevarse las baiko consigo, así que debían regresar después. Mientras Etsu se resignaba, Akane demostró en ese momento que era más que su acompañante canino, sino que era todo un ninja. El ninken tomó la rápida decisión de marcar un árbol cercano con su… aroma personal.

Después de ello, y con suma decisión, ambos genin se dispusieron a correr hacia el norte-noroeste, alejándose del decepcionante aroma a tocino y del fuerte aroma a fluidos perrunos. Varios minutos después, el rastro de la kunoichi tímida les llevaría hacia los acantilados. Si se apresuraban, encontrarían a Kazuma al borde del risco, y a Ranko, si se asomaba, contra la pared del mismo, bajando para llegar a las hierbas que surgían entre la roca.

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