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Despedida, Invierno de 220

Fecha del foro bloqueada
Actualmente se están desarrollando varias tramas importantes que podrían cambiar la ambientación y también prolongarse unos meses en el tiempo. Para evitar futuras incongruencias argumentales con las tramas de los usuarios, se ha bloqueado la fecha del foro. Asegúrate de ambientar tus tramas en una época igual o anterior a la fecha bloqueada. Cuando la fecha se desbloquee, habrá un salto temporal.

(S) Espiral de problemas
(S) Bosque de intrigas
(S) Tormenta de traiciones
Situación actual (global): Tras la muerte de la mayoría de Señores Feudales a manos de la banda de criminales Dragón Rojo en el Torneo de los Dojos, el mundo ha pegado un giro de 180 grados. Las sombras de un nuevo Daimyo en el País de la Espiral preocupan a Sarutobi Hanabi. En el País de la Tormenta, Amekoro Yui ha creado secretamente el cargo de Tormenta mientras hace creer al resto del mundo que es la nueva Señora. En el País del Bosque, el único Daimyo superviviente teme por su vida. Pero no sólo los Tres Grandes han visto el status quo totalmente quebrado.

En el País del Fuego se extendió el caos, y hace tiempo ya que el Jūchin del Valle de los Dojos lo conquistó, expulsando a unas mafias que todavía colean, buscadas por los sámurais. En el País del Viento hay una cruda guerra civil a varios bandos, y en el de la Tierra hay rumores de que una está a punto de llegar, quizás más esperada que la anterior. El País del Agua, quizás, esté en el centro de todo. Y si no lo está, debería preocuparse por demostrarlo, pues las sospechas sobre Umigarasu crecen cada vez más. Las aldeas saben que algo planea, al principio con Dragón Rojo, ahora quizás al margen de Dragón Rojo, según las últimas informaciones.

Sea como fuere, la banda sigue ahí fuera. Más perseguida que nunca por el crimen más grande de la historia reciente. Pero quizás no sean más que la punta del iceberg de las amenazas de los ninjas. Kurama, junto a sus Generales, asegura ser el próximo Emperador de Oonindo. Nadie lo dice abiertamente, pero todo el mundo sabe que algún día presentará la guerra a las puertas de cualquiera de nosotros.
Sama-sama Sin conexión
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#1
El sonido de los puestos ambulantes y la gente apiñada en los locales de comida y ocio del Distrito Comercial de Amegakure casi ahogaba al propio ruido constante y monotono de la lluvia. Un ruido incansable pero familiar, como la humedad de la piel y las múltiples capas de ropa en el frío otoño e invierno del oeste de Oonindo. En la zona limítrofe del distrito, con el repiquear más fuerte y la música y las voces menos envalentonadas, las pisadas de una mujer sonaban casi como los truenos de una Tormenta. Auspiciada por una capa oscura, rehuía las miradas y contemplaba los neones parpadeantes de las tiendas que por no estar en mal lugar habían tenido que cerrar. La luz de uno de los carteles despejó la oscuridad de su piel, pálida, y cambió el tono de sus ojos azules, que miraban de cerca una aldea por la que hacía mucho que no tenía el gusto de pasear. Pero su característica sonrisa dentada no era más que una sombra de lo que fue. Su gesto orgulloso no era más que un pasado que tragarse. Su porte altiva, una encorbada figura que ahora giraba por un callejón.

Su piel estaba magullada y le dolían todos y cada uno de sus dedos. Las agujetas casi la hacían caminar tan rígida como un niño que apenas se tiene en pie. Pero sabía que bien merecía la pena si aquellos neones podían brillar al menos un día más. Bien merecía la pena si la mujer a la que amaba podía vivir al menos un día más que ella. Bien merecía la pena, si cuando viniesen a cobrarse su propia vida pudiera obtener el cambio de la muerte de aquél que acabó con su hermano.

Y bien merecía la pena, si podían cortarle las nueve colas a cierto hijo de puta que se había atrevido a posar su zarpa donde no debía.

Ya casi estaba. Cruzó por delante de una empalagosa pastelería y abrió el portal de la torre adyacente. Se montó en el ascensor al lado de un tipo que inquieto se revolvía sin saber muy bien por qué, tratando de adivinar su identidad entre miradas breves y cautas. Salió y se dirigió a una puerta en particular, y no a cualquier otra, sino a la que albergaba el hogar de la que puede que fuese la persona más importante en la tarea que se tenía entre manos.

La puerta de la casa de Aotsuki Ayame.

Ding, dong. Amekoro Yui llamó al timbre.

Daruu.

Cobraré el dinero de esta misión, y renuncio al de Espiral de problemas y al de Bosque de intrigas.
[Imagen: MsR3sea.png]

Esta cuenta representa a la totalidad de los administradores de NinjaWorld.es

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Aotsuki Ayame Sin conexión
Jōnin de Ame
Jounin de Ame
Nivel: 31
Exp: 0 puntos
Dinero: 2420 ryōs
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#2
Era un día de invierno. Frío como muchos otros días de invierno en Amegakure. Pero no nevaba. Era muy raro que lo hiciera en una ciudad donde imperaba la lluvia. Y, las pocas veces que lo hacía, nunca llegaba a cuajar. Desde luego, Amegakure era una villa muy diferente a un primo suyo en el norte, Yukio, donde la nieve era la protagonista en cualquier estación del año.

En casa de los Aotsuki no hacía mucho menos frío. Aunque tenían calefacción, por energía hidráulica como todo lo que se movía en la aldea, había una lucha constante entre dos fuerzas completamente opuestas: el calor de las tuberías y el mismo espíritu del invierno que habitaba en aquella casa: Aotsuki Kōri. La temperatura descendía bruscamente en cada habitación en la que entraba y, a consecuencia de ello, Ayame, mucho más friolera que su hermano, trataba siempre de rehuir su presencia e iba siempre envuelta en una densa bata y con las manos enguantadas. Por su parte, Zetsuo, mucho más regio y resistente, se las apañaba bien abrigándose un poco más de la cuenta.

Una humeante cafetera se estaba calentando al fuego en el mismo instante en el que el timbre de la puerta sonó. Zetsuo chasqueó la lengua, profundamente irritado, ante la brusca interrupción y salió de la cocina entre largas zancadas y refunfuños más que audibles.

¿Qué cojones querrá ahora ese mocoso de Amed...? —Pero sus palabras se vieron interrumpidas cuando abrió la puerta y se encontró cara a cara con alguien que no era Amedama Daruu. De hecho, se trataba de alguien que nunca antes había llamado a la puerta de su casa. Como si hubiese visto un fantasma, Zetsuo abrió los ojos como platos al ver allí a Amekoro Yui, la que había sido, hasta hacía relativamente poco, la Arashikage de la aldea. Iba enfundada de los pies a la cabeza con una túnica negra, pero aquellas facciones afiladas y decididas eran inconfundibles—. ¡Yui-sama! Qué... sorpresa verla por aquí. —El tono de la voz de Zetsuo había cambiado de forma brusca hacia el más absoluto respeto. El hombre inclinó el torso y solo después se hizo a un lado para invitarla a pasar—. Adelante, pase, estaba preparando un café, por si quiere probarlo. ¿Qué la trae por aquí un día como este? —Sus ojos se entrecerraron momentáneamente, peligrosos, y se perdieron en algún lugar del pasillo que se extendía frente a ellos—. No me diga que Ayame ha vuelto a hacer alguna de las suyas...
[Imagen: kQqd7V9.png]
Sprite por Karvistico.



No respondo dudas por MP.
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Amekoro Yui Sin conexión
Tormenta de Amegakure (Cuenta PnJ)
Ninjas de Ame
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#3
Ya desde fuera, Yui sintió el profundo olor de la cafetera de un huraño Zetsuo, quien blasfemando zanqueó hasta la puerta blasfemando contra Amedama Daruu. Yui le dedicó la mejor de sus sonrisas, afilada, traviesa, mientras se deleitaba con la palidez y la expresión que se había pintado en el rostro como una muñeca en cuanto abrió la puerta y se dio cuenta de quién había llamado al timbre.

Si instases a esos dos a pagarse una casa con ese rico sueldo de jōnin —espetó Yui, mordaz—, no tendrías que soportar el insistente dedo de Amedama tocando a tu puerta. Aunque quien sabe, igual Kiroe se sienta sola y suba a tomarse el café contigo. —Rio.

»Tomaré una taza de ese café que huele tan bien, sí, gracias.

Yui acompañó a Zetsuo a donde quisiera que le estuviera conduciendo. Tomaría asiento en el primer sofá o silla que consiguiera alcanzar su mano vendada y se sentaría de la forma menos ortodoxa posible.

Es con Ayame con quien vengo a hablar, sí, pero sólo he oído cosas buenas de ella desde que se convirtió en la mano derecha de Shanise —comentó Yui. Su característica sonrisa se había ido de viaje. Quizás a un tiempo más alegre—. Quiero que me acompañe en una misión importante. —Hizo una pausa, mirando a los ojos al viejo águila—. Sólo puede ser ella.
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