27/01/2016, 14:04
Mientras la shinobi médico le respondía, comenzó a darse cuenta de que había demasiada gente allí reunida para que fuese una mera casualidad. Al principio pensó que llegar hasta allí le brindaría algunas respuestas y sin embargo, lo único que había ocurrido era que el número de interrogantes no hacía nada más que subir.
La tenue voz del herido atrajo su atención un instante, parecía estar delirando aunque su aspecto había mejorado gracias a los cuidados de la shinobi médico que le trataba.
La joven Hyuga terminó de cubrir al muchacho antes de incorporarse. Lanzó un interrogante que se perdió en la nada, todo el mundo parecía estar igual de confuso que ella, así que no había respuesta a su pregunta.
Sus ojos hicieron un rápido barrido por la zona, el muro de fuego y algunas señales de destrucción indicaban que había habido algún tipo de combate, algo que concordaba a la perfección con que hubiese allí un herido. ¿Habían luchado el rubio y el convaleciente? Y lo más importante, ¿Sí lo habían hecho por qué? Comenzaba ya ha divagar cuando una voz conocida la sacó de sus cavilaciones, la voz provenía de un chico peliblanco pegado a una espada. No era otro que Kazuma, que además parecía conocer al resto por lo que pudo deducir por sus palabras.
—Parece que estamos destinados a encontrarnos siempre en circunstancias extrañas, Kazuma— comentó la peliblanca con un sonrisa mientras apartaba los cabellos mojados que se pegaban sobre su rostro
De repente sintió como un escalofrío, algo hizo que su mano fuese instintivamente hacia el mango de la pequeña kodachi que llevaba a la espalda, justo en la parte posterior de su cintura. Mitsuki la detuvo a la altura del muslo. ¿Por qué había hecho eso? ¿A qué venía esa sensación de temor que la invadía? Su mirada descendió hasta detenerse en su portaobjetos, allí descansaba el trozo de gema que la había llevado hasta allí. Su corazón comenzó a latir fuertemente en aquel instante, algo le decía que debía de proteger aquel pequeño objeto de los demás. ¿Pero por qué? ¿Codicia? ¿Deseo? ¿Por qué sentía ahora esa necesidad imperiosa de defender algo como aquello? En su vida había sentido un sentimiento como aquel, la desconfianza y el recelo se apoderaba de ella lentamente... a la vez que la idea de poseer la gema completa comenzaba a surgir en su cabeza. Al fin y al cabo, si ella estaba allí por culpa de la gema el resto también debía de estar en las mismas circunstancias y alguien de los allí presentes debe tener el trozo que le faltaba. Era tan tentador poder completar aquella gema, como el temor que le surgía en pensar que uno de los allí presentas acechaba para tratar de robársela a ella y completarla para él.
La voz de Yota sacó a la peliblanca de sus tribulaciones, no entendió muy bien que es lo que quería decir pues justo en el mismo instante la tierra comenzaba a temblar bajo sus pies y el sonido de rocas cayendo se sobrepuso a todo lo demás. Mitsuki flexionó un poco las piernas para bajar su centro de gravedad, a la vez que se agarraba al suelo con su chakra para evitar caerse, en apenas unos instantes se vio rodeada por una semiesfera de piedra gigantesca. Una esfera comenzó a brillar junto al shinobi de Taki que yacía en el suelo, su color rojizo casi la cegó cuando giró sobre sí misma para observar que ocurría. No podía dar crédito a todo lo que estaba pasando, pues de repente un pilar surgió de la nada desde el suelo y la brillante gema se adhirió a él.
De nuevo las dudas, infinitas preguntas y sin respuesta se agolpaban en la mente de la joven que trataba de organizar sus ideas. Aunque en aquel instante, lo único que tenía claro era que fuese quién fuese el que había levantado aquella cúpula estaba a años luz de ella en ninjutsu y eso era muy peligroso. Sobre todo, si ese alguien iba detrás de su preciado tesoro.
La tenue voz del herido atrajo su atención un instante, parecía estar delirando aunque su aspecto había mejorado gracias a los cuidados de la shinobi médico que le trataba.
La joven Hyuga terminó de cubrir al muchacho antes de incorporarse. Lanzó un interrogante que se perdió en la nada, todo el mundo parecía estar igual de confuso que ella, así que no había respuesta a su pregunta.
Sus ojos hicieron un rápido barrido por la zona, el muro de fuego y algunas señales de destrucción indicaban que había habido algún tipo de combate, algo que concordaba a la perfección con que hubiese allí un herido. ¿Habían luchado el rubio y el convaleciente? Y lo más importante, ¿Sí lo habían hecho por qué? Comenzaba ya ha divagar cuando una voz conocida la sacó de sus cavilaciones, la voz provenía de un chico peliblanco pegado a una espada. No era otro que Kazuma, que además parecía conocer al resto por lo que pudo deducir por sus palabras.
—Parece que estamos destinados a encontrarnos siempre en circunstancias extrañas, Kazuma— comentó la peliblanca con un sonrisa mientras apartaba los cabellos mojados que se pegaban sobre su rostro
De repente sintió como un escalofrío, algo hizo que su mano fuese instintivamente hacia el mango de la pequeña kodachi que llevaba a la espalda, justo en la parte posterior de su cintura. Mitsuki la detuvo a la altura del muslo. ¿Por qué había hecho eso? ¿A qué venía esa sensación de temor que la invadía? Su mirada descendió hasta detenerse en su portaobjetos, allí descansaba el trozo de gema que la había llevado hasta allí. Su corazón comenzó a latir fuertemente en aquel instante, algo le decía que debía de proteger aquel pequeño objeto de los demás. ¿Pero por qué? ¿Codicia? ¿Deseo? ¿Por qué sentía ahora esa necesidad imperiosa de defender algo como aquello? En su vida había sentido un sentimiento como aquel, la desconfianza y el recelo se apoderaba de ella lentamente... a la vez que la idea de poseer la gema completa comenzaba a surgir en su cabeza. Al fin y al cabo, si ella estaba allí por culpa de la gema el resto también debía de estar en las mismas circunstancias y alguien de los allí presentes debe tener el trozo que le faltaba. Era tan tentador poder completar aquella gema, como el temor que le surgía en pensar que uno de los allí presentas acechaba para tratar de robársela a ella y completarla para él.
La voz de Yota sacó a la peliblanca de sus tribulaciones, no entendió muy bien que es lo que quería decir pues justo en el mismo instante la tierra comenzaba a temblar bajo sus pies y el sonido de rocas cayendo se sobrepuso a todo lo demás. Mitsuki flexionó un poco las piernas para bajar su centro de gravedad, a la vez que se agarraba al suelo con su chakra para evitar caerse, en apenas unos instantes se vio rodeada por una semiesfera de piedra gigantesca. Una esfera comenzó a brillar junto al shinobi de Taki que yacía en el suelo, su color rojizo casi la cegó cuando giró sobre sí misma para observar que ocurría. No podía dar crédito a todo lo que estaba pasando, pues de repente un pilar surgió de la nada desde el suelo y la brillante gema se adhirió a él.
De nuevo las dudas, infinitas preguntas y sin respuesta se agolpaban en la mente de la joven que trataba de organizar sus ideas. Aunque en aquel instante, lo único que tenía claro era que fuese quién fuese el que había levantado aquella cúpula estaba a años luz de ella en ninjutsu y eso era muy peligroso. Sobre todo, si ese alguien iba detrás de su preciado tesoro.