25/10/2022, 14:41
Con Datsue tenía la confianza para soltarle a la cara cualquier cosa. Era como un perro listillo. Te intentaba hacer el lio para que le dieses más chuches o lo que sea que quiera y cuando le das una segunda chuche se hace el guay y el chulo como si fuese el rey. Mientras tú tienes un saco entero de ellas. Pero él se sentía el rey con su segunda. Ese era Datsue.
Sin embargo, Raito era el perro nuevo en la perrera pero viejo como un condenado. Seguramente usado en cazas de liebres o alguna mierda de esas. Mira al resto y piensa que él es más duro, el más duro del corral. El caso es que no tenía ni idea de si eso era cierto. Así que me mantenía a cierta distancia, por si acaso. No le soltaba las cosas a la cara sin más.
—Kurama. . Deberías ir junto al resto al puerto. No es una orden , solo un consejo de vida.
— ¿Puerto? Querrá decir puerta. Es donde está Kurama. Oh, dios, es una cosa de esas de genero neutro. Entonces, si la puerta es el puerto, ¿qué es el puerto? — la confusión no le había dejado de procesar lo primero que había dicho. — Espera, ¿Kurama? ¿Ese no era como el malo maloso? ¿Qué hace aquí? Oh, mierda.
Quería llegar el primero y lanzarme sobre él de cabeza. Seguro que eso no se lo esperaba. La sorpresa siempre había sido mi arma más fiel. Contra menos se esperase mi enemigo mi próxima jugada mayor era la tasa de exito. Sino, ¿cómo le había dado con una mierda en la cara a Datsue? ¡Esa era la respuesta! No, no, la mierda no le iba a matar, le iba a enfurecer.
Joder, yo no era ningún estratega. Decidí quedarme tras el kage suplente, mejor apoyarle y ver cómo tira el carro. Si la cosa se complicaba, siempre podía improvisar. Dios, era el maestro de la improvisación.
— Bueno, te sigo. Si se te ocurre algo, dimelo. Stuffy, detrás mio, nada de ir a olfatearle en su puta cara, que este tal Kurama es chungo.
La peor enfermedad de todas y la más contagiosa, la seriedad. Me puse serio y Stuffy me imitó, seguramente contagiados por el señor kage suplente que era más serio que un muro de Amegakure.
Entonces se cruzó un chunin y el perro veterano de guerra se puso a tope con él.
—¡Informe de la situación!
—¿Q-qué…? ¿C-cómo…? Ehm…
Le cruzó la cara sin pensarselo.
—¡Espabila, uzujin! ¡Te he hecho una jodida pregunta!
—Es… ¡Es Kurama, señor! Un… Un Kage Bunshin. Me dijo que quería hablar con el ninja más importante de la Villa. E… Eso es todo, señor.
¡Pero hijo de puta! ¡Si no le había hecho ninguna pregunta! ¡No había salido de su boca una sola interrogación! Parpadeé varias veces y esperé. Pero vamos, si era un kage bunshin, easy peasy lemon squeasy. Cualquier hostia lo desmontaría y a casa a echarse la siesta. Desde luego, Kurama parecía cada vez más el Datsue jovenzuelo que era tan cagado que mandaba Kage Bunshins hasta a hacer la compra. Todo el poder del mundo y los cojones como ciruelas.
— ¿Cual es el plan? — estaba tranquilo y sereno, pero ansioso.
Tal vez fuese el jutsu de animalizarse, pero los instintos me estaban apretando fuerte. Aunque no fuese saltarle al cuello, necesitaba saber qué hacer ya. Necesitaba saber que había un plan para echar a ese desgraciado de nuestra villa, de nuestro territorio. Respiré hondo porque estaba a dos malos pasos de ponerme a aullarle a la Luna, hacía demasiado tiempo que no hacía este jutsu.
Sin embargo, Raito era el perro nuevo en la perrera pero viejo como un condenado. Seguramente usado en cazas de liebres o alguna mierda de esas. Mira al resto y piensa que él es más duro, el más duro del corral. El caso es que no tenía ni idea de si eso era cierto. Así que me mantenía a cierta distancia, por si acaso. No le soltaba las cosas a la cara sin más.
—Kurama. . Deberías ir junto al resto al puerto. No es una orden , solo un consejo de vida.
— ¿Puerto? Querrá decir puerta. Es donde está Kurama. Oh, dios, es una cosa de esas de genero neutro. Entonces, si la puerta es el puerto, ¿qué es el puerto? — la confusión no le había dejado de procesar lo primero que había dicho. — Espera, ¿Kurama? ¿Ese no era como el malo maloso? ¿Qué hace aquí? Oh, mierda.
Quería llegar el primero y lanzarme sobre él de cabeza. Seguro que eso no se lo esperaba. La sorpresa siempre había sido mi arma más fiel. Contra menos se esperase mi enemigo mi próxima jugada mayor era la tasa de exito. Sino, ¿cómo le había dado con una mierda en la cara a Datsue? ¡Esa era la respuesta! No, no, la mierda no le iba a matar, le iba a enfurecer.
Joder, yo no era ningún estratega. Decidí quedarme tras el kage suplente, mejor apoyarle y ver cómo tira el carro. Si la cosa se complicaba, siempre podía improvisar. Dios, era el maestro de la improvisación.
— Bueno, te sigo. Si se te ocurre algo, dimelo. Stuffy, detrás mio, nada de ir a olfatearle en su puta cara, que este tal Kurama es chungo.
La peor enfermedad de todas y la más contagiosa, la seriedad. Me puse serio y Stuffy me imitó, seguramente contagiados por el señor kage suplente que era más serio que un muro de Amegakure.
Entonces se cruzó un chunin y el perro veterano de guerra se puso a tope con él.
—¡Informe de la situación!
—¿Q-qué…? ¿C-cómo…? Ehm…
Le cruzó la cara sin pensarselo.
—¡Espabila, uzujin! ¡Te he hecho una jodida pregunta!
—Es… ¡Es Kurama, señor! Un… Un Kage Bunshin. Me dijo que quería hablar con el ninja más importante de la Villa. E… Eso es todo, señor.
¡Pero hijo de puta! ¡Si no le había hecho ninguna pregunta! ¡No había salido de su boca una sola interrogación! Parpadeé varias veces y esperé. Pero vamos, si era un kage bunshin, easy peasy lemon squeasy. Cualquier hostia lo desmontaría y a casa a echarse la siesta. Desde luego, Kurama parecía cada vez más el Datsue jovenzuelo que era tan cagado que mandaba Kage Bunshins hasta a hacer la compra. Todo el poder del mundo y los cojones como ciruelas.
— ¿Cual es el plan? — estaba tranquilo y sereno, pero ansioso.
Tal vez fuese el jutsu de animalizarse, pero los instintos me estaban apretando fuerte. Aunque no fuese saltarle al cuello, necesitaba saber qué hacer ya. Necesitaba saber que había un plan para echar a ese desgraciado de nuestra villa, de nuestro territorio. Respiré hondo porque estaba a dos malos pasos de ponerme a aullarle a la Luna, hacía demasiado tiempo que no hacía este jutsu.
—Nabi—