Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
6/09/2018, 16:30 (Última modificación: 6/09/2018, 16:30 por Amedama Daruu.)
Daruu despertó plácidamente de un sueño del que esperaba no volver. Durante una media hora, sus ojos sin vida contemplaron el techo y reflexionaron sobre todo lo que había pasado. Pusieron los acontecimientos en orden dentro de su cabeza. Intentaron adivinar qué había sido de él, por qué Hanabi no había acabado con su vida y dónde se encontraba en estos momentos. La última pregunta fue la mas fácil de adivinar, dado que las paredes de la habitación se parecían a las del lugar donde falsamente había sido asesinado. Las otras las contestó amablemente un superior de su villa, que revisó su estado poco después y le obligó a vestirse.
Se miró en el espejo una última vez antes de salir de su habitación del hospital. La mitad del cuerpo tenía una quemadura algo fea, pero no grave. Se curaría. Tal vez con el paso de los días, o las semanas, pero se curaría. No era eso lo que más le preocupaba, a decir verdad.
Salió, languido, y siguió a sus guardias personales mientras le informaban de todo lo que había pasado. En el rostro de Daruu no hubo sorpresa, ni enfado, ni tristeza. Es cierto que sintió algo de alivio al ver a sus compatriotas, y desde luego mucho más al saber que Ayame estaba a salvo y en compañía de Shanise, pero nada más. Él se limitaba a seguirles, cabizbajo.
Cuando paseó por el embarcadero y subió al vehículo que les llevaría de vuelta a la villa, Daruu se supo un traidor.
«Traidor a mi país, por siquiera pensar en actuar a sus espaldas para ayudar a un enemigo de la villa.»
«Traidor a mi amor, por dejar a Ayame y a Kaido en el Círculo de Piedras Ancestrales aquél fatídico día.»
«Traidor a mi sangre, por dejarme llevar por necias palabras de rata y arriesgar por ello en vano mi vida.»
Se miró a los ojos, legado inmerecido de su madre, en el espejo de su camarote. Los cerró, y se dejó caer en la cama como quien se arroja al fondo de un acantilado.
La espera se estaba haciendo eterna. Los segundos parecían minutos, los minutos horas, las horas... eones. Incluso pasó por delante Uchiha Datsue y por miedo a contradecir a mi superior e incluso por el poder que había demostrado en el estadio aquel tipo, no hice nada. No es que le odiase a muerte, solo el típico rencor sano. Hasta que salieron todos. Bueno, todos no, había gente jodida dentro de aquel hospital, pero salió Hanabi, Uzukage de la villa que entre todos habíamos arrasado alegando que no había pasado nada. Yubiwa no se lo creyó y la verdad, yo tampoco.
«Os habéis visto tan acorralados que no os ha quedado otra que devolver a vuestros prisioneros de guerra, eso es lo que ha pasado, Hanabi-dono»
En cualquier caso y como había dicho la mano derecha de Kenzou-sama, nuestro cometido allí había finalizado. Hora de volver a casa. Me moría de ganas de volver de una vez y poder hacerlo de una sola pieza era de lo más reconfortable. Relajé mis hombros y suspiré al mismo tiempo que tomaba la petaca de caramelos de mi bolsillo y tomaba uno.
— Menos mal que todo esto ha terminado —pensaba en voz alta mientras daba media vuelta y seguía los pasos de mi líder
— Juro, Daigo y... esto... Inuzuka no sé qué, ¿Os veniis o qué?
— Un momento, Yota, colega. ¿Nos vamos a ir sin pegarnos con nadie? ¿Es en serio?
— En efecto, pero si quieres te puedes quedar. Lo dejo a tu elección
— Emmm.. je.. jeje, no, no, ya sabes, somos culo y mierda
— Pues a juzgar por tu color tu debes ser la mierda
6/09/2018, 16:44 (Última modificación: 6/09/2018, 16:49 por Inuzuka Etsu. Editado 1 vez en total.)
Pese a todo, la situación pareció estabilizarse.
La calma cundió, al menos en parte, y bajo la mirada de Yubiwa todos los Kusajines esperaron a ver cuál sería el siguiente paso a dar. Tras un buen rato, y caso omiso de éste hacia el chico de la araña en la cabeza, Hanabi salió del hospital. Tropezó con descaro con el de cejas bien pobladas, y una conversación de lo más inverosimil tuvo lugar. Obviamente, Etsu y Akane no tenían nada que decir, ni nada con lo que intervenir. Realmente no querían molestar en esa conversación entre lider y co-lider de aldea.
Todo pasó, y Yubiwa anunció a los allí presentes de su aldea que podían ir al barco. Con lo dicho, y una palmadita en la espalda, los Inuzuka comenzaron el camino de regreso. Al igual que el chico de la araña, y seguramente el resto. Era extraño que alguien se quedase allí desobedeciendo a Yubiwa, y poniendo más tensión aún a la situación.
Etsu y Akane se dirigieron sin oscilaciones al barco, sin ningún tipo de entretenimiento. Entre tanto, una duda inaplacable comenzó a rondar la cabeza del rastas. Quedó en silencio, ni contestó al chico de la araña gigante, ni a la misma... la maldita hablaba hasta por los codos.
«Tío... me he sentido vivo por un momento... emocionado.... ¿y por qué? porque pensaba que había estallado la puta guerra. Ésto está mal... ESTO ESTÁ MAL. Por dios, ¿cómo has podido sentirte tan emocionado por que se desate un conflicto? Vas a convertirte en el shinobi mas fuerte del mundo... pero no debes convertirte en un maldito monstruo que disfruta haciendo sufrir a los otros... una guerra solo es sufrimiento para todos... ¿¿¡¡POR QUÉ TE HAS SENTIDO ASÍ!!??»
Sin duda, ahora que reflexionaba por el camino, realmente se sentía mal. Su acostumbrada sonrisa se había borrado de su rostro, y eso era mas que visible. Sus orbes, sumisos en el infinito, sin apreciar nada, tan solo lo confirmaban. Akane, que conocía perfectamente a su hermano, se vio obligado a ello. Sin mediar palabra, le propinó un leve mordisco en el gemelo. Apenas hincó los dientes, solo era un aviso...
Pase lo que pase, estamos juntos.
Sencillo, directo, y con alma. Su hermano, su mejor amigo, sangre de su sangre pues compartía su apellido. Akane nunca se separaría de él. Lo miró, e intentó burdamente sonreír. Le costó, mucho mas que tener que hacerse 3000 flexiones, o dar 1000 vueltas al campo de entrenamiento del dojo familiar.
Datsue tomó el cigarrillo y se lo llevó a la boca mientras Akame lo prendía. Aspiró una bocanada de humo, y sintió que sus músculos, doloridos y agarrotados, empezaban al fin a relajarse. Datsue no era como Akame, no era un fumador habitual. Se lo reservaba para momentos muy puntuales, como aquel. Momentos en los que necesitaba tomarse un respiro de todo. De haber sido perfecto, a aquello le acompañaría una buena pinta de cerveza en una mano y…
—Lástima que no tenga un poco de yerba kuseña a mano —se lamentó, más para sí que para Akame. Su Hermano era muy tradicional en cuanto al tabaco. Demasiado. Aunque apostaba que hasta él agradecería un poco de eso en aquel instante.
—Ese hijoputa de Daruu...
Datsue le miró, serio. Tenía sentimientos encontrados. Por un lado, se sentía responsable por haber provocado a Ayame. Por haber llegado al punto de hacerle perder el control. Pero, ¿cómo iba a saber él, cómo se iba a imaginar, que ella era la Jinchūriki? Entre todos los amejines, ¿justo tenía que ser ella?
Y claro, aquella habría sido la gota que había colmado el vaso. Y luego, para más inri, Daruu se veía esposado por Akame. Entendía la furia y frustración que le había llevado a hacer eso, y, sin embargo…
—Supongo que no soy el único en cometer estupideces. Si te hubiese matado… no solo el Pacto habría caído, sino que se habría declarado la guerra. —Imaginaba, quería creer, que Hanabi hubiese matado a Daruu en el acto. Y, de no ser Hanabi, no tenia dudas que hubiese sido él mismo. Aunque le hubiese costado la cabeza. Aunque lo hubiesen tachado de traidor—. No solo me fumé una Bijuudama, Akame —miró hacia el puente de madera para comprobar que no había nadie. Entonces, bajó la voz—. Sino que la sigo teniendo aquí —se llevó un dedo a la ojera derecha—, lista para devolverla.
»Lástima que ahora haya que ser cautos, ¿eh? —Y Akame vio en él aquella sonrisa torcida tan suya. Esa sonrisa en la que uno nunca sabía si estaba bromeando o…
¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP! ¡Y a Reiji y Ayame por la firmaza! Si queréis una parecida, este es el lugar adecuado
Grupo 0: Datsue y Uchiha Raito, (Bienvenida, 221), Poder 100 e Inteligencia 80
Grupo 1: Datsue y Reiji, (Ascua, 220), Poder 80 e Inteligencia 80
Grupo 2: Datsue y Aiko, (Entretiempo, 220), Poder 100 e Inteligencia 80
Grupo 5: Datsue y Uzumaki Kaia, (Bienvenida, 221), Poder 100 e Inteligencia 80
Después de todo el lío que se había montado, la calma llegó a ellos. El asunto se había zanjado, así lo había dicho Yubiwa. Era hora de volver a casa. Tras una palmadita en la espalda (tuvo la tentación de apartarse, pero supo que no era buena idea), Juro dejó atrás todo lo que había pasado.
No había disfrutado. Se sentía tenso y frustrado. Sentía como las relaciones con las demás aldeas pendían de un hilo muy fino, y como se habían visto obligados a pelear por el error de unos y otros.
Suspiró. ¿Por qué era tan dificil todo?
— Hora de macharse. Nabi-san, Eri-san, ¡Nos vemos! — dijo Juro. No supo si ellos llegarían a llamarle alguna vez amigo después de todo lo que había pasado, pero no quería pensarlo. En ese momento, no tenía fuerzas para nada.
Miró a sus compañeros. Daigo, un maldito loco que al menos, era leal a sus compañeros y de buen corazón. Yota, en quién confiaba realmente, a pesar de su lengua afilada y su mala leche. Y... el otro, que ni conocía.
« Deberíamos empezar arreglando eso »
— Juro, Daigo y... esto... Inuzuka no sé qué, ¿Os veniis o qué?
— ¡Si, nos vamos! — Después, se volvió hacia Etsu —. Inuzuka-san, ¿verdad? No nos han presentado, y menuda locura después de todo lo que ha pasado. Soy Eikyu Juro. ¿Cómo te llamas?
Le tendió la mano, en un gesto amistoso. Después, se volvió hacia los demás.
— ¡Casi me da un infarto después de todo lo que ha pasado! ¿Os lo podéis creer? En menudo lío nos hemos metido — suspiró, observando como Yota peleaba con su araña —. Solo espero que lleguemos sin más peleas al barco.
El jōnin negó con la cabeza, escupiendo luego un gargajo amarronado por algunas fibras de tabaco que se le habían colado en la boca.
—Meh, hace falta mucho más para matar a Uchiha Akame de Uzushiogakure —masculló, pero lo cierto era que aquello había estado cerca. Demasiado cerca. «Las putas hojas ocultas»—. Al tipo se le fue la puta flapa, no tiene más. Seguramente ni siquiera me quede cicatriz... Últimamente todas mis heridas se curan a la perfección, y jodidamente rápido.
«Concretamente, desde que...»
Entonces Datsue dijo algo, y su Hermano tuvo que mirarle a los ojos. «¿No estará sugiriendo que...?» El más joven de los Hermanos del Desierto era todo un as del Fuuinjutsu, pero de ahí a poder sellar una Bijuudama tan potente como la que Ayame había disparado... Sólo de pensar en un poder tal, a Akame se le erizaban los vellos de la nuca. No sabía si de miedo o de excitación.
—Calla, calla —dijo al fin, como queriendo restarle importancia al asunto—. Suerte que todo ha terminado como ha terminado. Hanabi-sama me contó que la tal Shanise rompió personalmente el Pacto cuando me llevé a la jinchuuriki del Estadio —Akame se encogió de hombros—. Si te soy sincero, me lo imaginaba. Por eso le puse los grilletes a Daruu y me los llevé a ambos al hospital.
Todavía se podía intuir la duda en su voz, aunque el Uchiha intentó que no se notara.
—Tendrías que haber visto a Eri, por cierto. Rápida y decidida, ¡bam! Sin ella, no sé qué cojones hubiésemos hecho —«matar a la jinchuuriki».
—Meh, hace falta mucho más para matar a Uchiha Akame de Uzushiogakure.
Datsue esbozó una sonrisa y dio otra calada. Y sí, a él le pasaba lo mismo. Todas sus heridas cicatrizaban en un santiamén desde…
—Oye, ¿y cómo es que te ensartó una katana con las manos esposadas? Esa parte no me quedó del todo clara…
Fuese como fuese, la conversación siguió su curso. De la Bijuudama sellada, a finalmente la decisión de ponerle los grilletes a Daruu. El Uchiha creyó percibir cierta duda en el tono de su voz.
—Hiciste lo correcto —¿Lo había hecho? De haber estado él ahí, ¿le hubiese apoyado? Probablemente no, pero por razones que nada tenían que ver con la Villa, sino con cierta chica pelirroja sellada en el fondo de un lago—. No sabías la situación. Perfectamente podría haber estallado la guerra y ellos se hubiesen convertido en unos prisioneros valiosos. —«Aprendiste bien de Zoku, Akame. Y de la Dama Violeta, tu verdadera maestra».
Entonces rio ante el comentario sobre Eri.
—Eri-chan siempre fue así. Hadme caso, Hermano, esa Uzumaki va a dar que hablar. Si me preguntan a mí, diría que se convertirá en el relevo perfecto de Shiona en el futuro.
Otra calada, y el humo escapó lentamente por su nariz. Dio un par de toques al cigarrillo y dejó caer la ceniza al suelo.
—Oye, ¿cómo funciona exactamente tu técnica de teletransporte? ¿Puedes ir a dónde te dé la gana?
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—Ayame-chan —dijo Shanise, y su rostro se iluminó con una amplia sonrisa. Se levantó de una sobria silla que había hecho poner justo detrás de la puerta y se acercó a la genin—. Qué alivio verte bien. —De pronto, desdibujó la sonrisa y en su lugar puso una mueca de absoluta seriedad—. Necesito que mantengas la calma todo lo posible. Ya habrá tiempo de hablar sobre tu pérdida de control, Ayame. Esto es serio. Esto es importante.
El jōnin bajó la mirada, claramente avergonzado, mientras de repente ponía mucha atención en una hoja seca que había caído junto a su bota derecha.
—Llevaba una hoja oculta en la muñeca. Se... Bueno, se me olvidó registrarle —admitió finalmente, rojo de vergüenza e ira contra sí mismo—. Un error imperdonable con estos pisacharcos... No volverá a suceder.
Luego le pegó otra buena pitada al cigarrillo, camuflando un bufido molesto al expulsar el humo. Cuando Datsue le aseguró que había tomado la decisión adecuada, Akame le agradeció con una media sonrisa y una inclinación de cabeza. Nunca antes había dudado tanto de su propia capacidad para juzgar una situación; pero aquel posible resbalón todavía no se le iba de la mente.
—No hace falta que me lo jures —respondió el Uchiha cuando su compadre alabó a Eri—. Espero que, a pesar de todo, le den el chaleco. Porque esa es otra, ¿qué crees que va a pasar con el Examen?
Aquella era una cuestión que, por la urgencia de otros asuntos, probablemente nadie se había planteado. Pero capeado el temporal, en algún momento habría que volver a la rutina; y eso implicaba decidir sobre los participantes que se habían presentado al Examen de Ascenso a Chuunin. Akame sabía que muchos habían trabajado demasiado duro como para conformarse con un "lo sentimos, vuelva el año que viene". «¿Habrá siquiera "año que viene"...?»
La pregunta —indiscreta—de Datsue le devolvió a la realidad. Akame le dió otra calada a su tabaco mientras reflexionaba sobre la respuesta. Seguían siendo la dupla de los Hermanos del Desierto, por muchas dificultades que hubiesen atravesado. ¿Debía contárselo?
—No —dijo finalmente—. Tengo que hacerme una imagen mental muy clara de a dónde quiero ir, así que necesito haber estado anteriormente en ese lugar... —titubeó—. Bueno, creo que con haberlo visto también me bastaría.
—Ayame-chan —respondió Shanise, y aunque su superiora esbozó una sonrisa cargada de alegría, AYame no había podido evitar encogerse sobre sí misma, como si temiera que en cualquier momento se abalanzara sobre ella o la golpeara o...
Después de todo, lo merecía. Los altos cargos ya debían de estar hartos de ella. Y no quería ni pensar en lo que pasaría cuando Yui se enterara.
«Da igual. Me lo merecería. Me lo merezco todo...»
Sin embargo, nada de eso ocurrió. Shanise se acercó a ella, pero no de forma violenta, sino amigable, afable. Y eso era aún peor.
—Qué alivio verte bien—dijo, y de repente cambió su sonrisa a un gesto sombrío y serio—. Necesito que mantengas la calma todo lo posible. Ya habrá tiempo de hablar sobre tu pérdida de control, Ayame. Esto es serio. Esto es importante. ¿Puedes moverte?
Eso la descolocó aún más. Quizás por la confusión, quizás porque los efectos de los sedantes no habían terminado de desvanecerse, la pregunta aún tardó algunos segundos en llegar a su cerebro.
—Creo... que... sí... ¡Ah! —farfulló la muchacha, apretando los dientes para no gritar de dolor ante la demanda de Shanise. El simple hecho de lograr arquear el cuerpo hizo restallar varios látigos contra sus costillas y su abdomen. Y tardó algunos segundos en hacerlo, pero al final consiguió incorporarse muy a duras penas, y para cuando lo hizo jadeaba con esfuerzo y dolor. Temblorosa, terminó de levantarse, pero poco le faltó para volver a desplomarse sobre la camilla. En su lugar apoyó la mano sobre el colchón y se tapó momentáneamente los ojos con la otra, terriblemente mareada—. ¿Por... por qué...? ¿Dónde vamos, Shanise-senpai?
Tenía miles de preguntas zumbando en su cerebro como un furioso enjambre de abejas, todas ellas deseando salir de sus labios. Pero, lamentablemente para ella, no parecía el momento adecuado.
Datsue abrió tanto los ojos que pensó que se le iban a salir de las cuencas. ¿Akame? ¿No registrando a un prisionero? Le hubiesen podido decir que un ribereño del Sur había hecho un acto altruista, y no le hubiese desencajado de arriba abajo ni la mitad. En otras circunstancias, en otro momento, le hubiese tirado mil y una pulla por el descuido. Por la falta de profesionalidad.
Pero por aquella vez lo dejó pasar.
—¿El Examen? A saber… Pero coincido en que Eri se lo merece. Yo, en cambio… —A sabiendas o no, había provocado a una Jinchūriki de tal manera que había dejado escapar a su Bijuu. Y sus notas en el teórico tampoco eran para echar cohetes. ¿Sería su destino el de un Genin eterno?
Qué deprimente. Por eso cambió rápidamente de tema, preguntando a su Hermano por su poder de teletransportación. Al parecer, le bastaba con haber estado en el lugar para aparecerse allí.
Y entonces llegó la pregunta sobre su Mangekyō Izquierdo.
—No sabría explicártelo… Solo sé que tengo esa sensación, esa intuición, de que está predestinada para cierta persona. Cierta persona que por desgracia, no acudió de acompañante al Examen.
«Y ahora es cuando tengo que cambiar de tema antes de que me apedreé a preguntas».
—Te lo preguntaba, Akame, porque Daruu tiene un poder parecido —le informó—. El cabrón es capaz de teletransportarse también. Después del encuentro en el Círculo de Rocas Ancestrales, me llevó a un sitio lluvioso. Y luego, a nuestro jodido puerto. Nuestro puerto, Akame —le miró a los ojos—. Viendo la situación, hay que informar a Hanabi de semejante ventaja… ¡Un momento! —Un rayo de luz cruzó su mente—. Quiere eso decir… —le cogió por el cuello de la camisa y le atrajo hacia él. Ojos malpensados incluso pensarían que para besarle, viendo lo juntos que estaban—. Quiere eso decir…¿Qué puedes aparecerte en Kusa?
¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP! ¡Y a Reiji y Ayame por la firmaza! Si queréis una parecida, este es el lugar adecuado
Grupo 0: Datsue y Uchiha Raito, (Bienvenida, 221), Poder 100 e Inteligencia 80
Grupo 1: Datsue y Reiji, (Ascua, 220), Poder 80 e Inteligencia 80
Grupo 2: Datsue y Aiko, (Entretiempo, 220), Poder 100 e Inteligencia 80
Grupo 5: Datsue y Uzumaki Kaia, (Bienvenida, 221), Poder 100 e Inteligencia 80
Shanise chasqueó la lengua y se acercó corriendo a su capa de viaje, que estaba colgada detrás de la puerta. Rebuscó durante un momento en sus bolsillos y sustrajo de una caja que encontró dos pastillas de color crema que enseguida se afanó por darle a Ayame. Le acercó también una botella de agua.
—Toma, unos analgésicos que me han dado los médicos del hospital —dijo—. Nos vamos al barco, Ayame. De vuelta a Amegakure. ¿No recuerdas nada de lo que ha pasado desde tu transformación, verdad?
»Daruu se abalanzó sobre ti quien sabe para qué, supongo que sabría lo que estaba haciendo, pero no hemos hablado. Luego, Uchiha Akame hizo lo mismo. —gruñó al pronunciar el nombre—. También estaba Eri. Los tres os teletransportásteis Dios sabe donde, sin ninguna explicación.
Shanise bajó la mirada.
—Cogí mi espada dispuesta a sacarle al otro Uchiha a dónde os habían llevado, pero Hanabi se interpuso. Temí que te hubieran secuestrado. —Shanise entrecerró los ojos peligrosamente—. Y no sé todavía si me he equivocado o no.
»Estaba organizando una partida de búsqueda cuando Yubiwa vino a buscarme, diciéndome que uno de sus ninjas había oído a una tal Eri hablar con Hanabi y decirle que estábais en el hospital. Cuando llegué allí, me encontré con un cuento bastante funesto.
»A ti te estaban tratando, sí, pero quien me vino a buscar no fue Hanabi mismo sino Yubiwa. Sin duda porque pensaban que Uzushio te había secuestrado también. Y lo primero que vi...
»Fue como traían a Daruu arrastrándolo por el suelo, sedado, con la nariz rota y esposado como un prisionero. Y a ese Uchiha Akame con un buen corte, probablemente hecho por Daruu.
Suspiró.
—No creo que Amedama Daruu hubiera atacado al Uchiha sin motivo, especialmente si tal y como decía Hanabi, Akame y Eri sólo ayudaron. ¿Sabes qué, Ayame? Creo que no "sólo ayudaron". Y creo que deberíamos de irnos a casa YA.
6/09/2018, 18:56 (Última modificación: 6/09/2018, 19:06 por Aotsuki Ayame. Editado 1 vez en total.)
Pero Shanise no estaba por la labor de quedarse esperando de brazos cruzados. Parecía que tenía prisa por marcharse cuanto antes del lugar. Tomó su capa de viaje (que estaba colgada detrás de la puerta), y rebuscó en los bolsillos hasta que cogió dos pastillas que le tendió a una Ayame que torcía el gesto, no muy convencida con la acción.
—Toma, unos analgésicos que me han dado los médicos del hospital —le dijo. Dada la aparente urgencia del momento, Ayame no se vio con ganas de discutir al respecto y terminó por tomárselas a desgana acompañándolas con un buen trago de agua. Después, imitando a su superiora, tomó sus ropajes (llenos de polvo y con varias quemaduras según pudo observar) y comenzó a vestirse—. Nos vamos al barco, Ayame. De vuelta a Amegakure. ¿No recuerdas nada de lo que ha pasado desde tu transformación, verdad?
—Daruu se abalanzó sobre ti quien sabe para qué, supongo que sabría lo que estaba haciendo, pero no hemos hablado —le explicó, y su voz se transformó en un gruñido cuando pronunció el siguiente nombre—. Luego, Uchiha Akame hizo lo mismo. También estaba Eri. Los tres os teletransportasteis Dios sabe donde, sin ninguna explicación.
—Los... los conozco... —asintió ella, ligeramente confundida y terriblemente abochornada por la situación. Uchiha Akame, el ganador del Torneo de los Dojos contra el que había perdido de forma tan estrepitosa; Uzumaki Eri, prácticamente la única amiga que tenía en aquella villa.
—Cogí mi espada dispuesta a sacarle al otro Uchiha a dónde os habían llevado, pero Hanabi se interpuso. Temí que te hubieran secuestrado —confesó Shanise, entrecerrando los ojos peligrosamente—. Y no sé todavía si me he equivocado o no.
—Co... ¿Cómo?
—Estaba organizando una partida de búsqueda cuando Yubiwa vino a buscarme, diciéndome que uno de sus ninjas había oído a una tal Eri hablar con Hanabi y decirle que estábais en el hospital. Cuando llegué allí, me encontré con un cuento bastante funesto. A ti te estaban tratando, sí, pero quien me vino a buscar no fue Hanabi mismo sino Yubiwa. Sin duda porque pensaban que Uzushio te había secuestrado también. Y lo primero que vi... Fue como traían a Daruu arrastrándolo por el suelo, sedado, con la nariz rota y esposado como un prisionero. Y a ese Uchiha Akame con un buen corte, probablemente hecho por Daruu.
Shanise dio un largo suspiro, y Ayame agradeció la tregua porque tantos datos y tanta información de golpe la estaban mareando y se vio obligada a apoyarse de nuevo en la cama para no desfallecer.
—E... espera...
—No creo que Amedama Daruu hubiera atacado al Uchiha sin motivo, especialmente si tal y como decía Hanabi, Akame y Eri sólo ayudaron. ¿Sabes qué, Ayame? Creo que no "sólo ayudaron". Y creo que deberíamos de irnos a casa YA.
La habitación no dejaba de dar vueltas a su alrededor, y Ayame tuvo que sujetársela para no sentir que el mundo se le venía encima. Cerró los ojos momentáneamente, hiperventilando, con toda aquella información dando tumbos en su cerebro de forma caótica y desordenada, tratando de calar en su confundido cerebro. ¡Odiaba aquellos momentos en los que no recordaba absolutamente nada!
—¿Daruu... esposado? ¡¿Dónde está?! ¿No has hablado con él? —preguntó de repente, alarmada y asustada—. ¡Él debe saber lo que ocurrió de verdad si estaba conmigo! O quizás Eri... o... Akame...
Shanise hizo un ademán con la mano, restándole importancia.
—Está bien, está consciente y está en el barco. Podrás hablar con él todo lo que quieras en cuanto estemos allí, Ayame —dijo, y se acercó un poco a ella, agachándose para quedar a su nivel—. Ayame. Hablarás con Daruu. Ahora, volvamos al barco. Lo antes posible. No-estamos-seguros-en-Uzushiogakure, ¿me entiendes? Le han dejado inconsciente, y cuando te teletransportaron al hospital no se dignaron a decirme nada.
»No hablaremos con ningún uzujin. Y menos con uno cuyo nombre empiece por Uchiha, Ayame. Hanabi y Akame aparecieron con Daruu inconsciente y esposado, Ayame. Esto no es un juego. Esto es casi la guerra. Vámonos. Además...
»¿Sabes lo que me ha costado que tu familia se quedara también en el barco? Ayame, por favor, no es el momento. Pregunta lo que quieras cuando estemos con ellos. Estamos sólos con un montón de ninjas cuyas intenciones no están claras. VAMOS. AL. BARCO.
6/09/2018, 20:41 (Última modificación: 6/09/2018, 20:42 por Inuzuka Nabi.)
Aquello parecía más una comedia que otra cosa. Datsue entró en el hospital seguido por un amenio que había aparecido de la nada. Claro, yo me hubiera metido detrás suyo, pero dejar a Eri con un desconocido de Uzushiogakure, tres kuseños, unos gemelos feos y el señor cejas, pues como que no. Así que esperé. Me senté ahí mismo donde estaba, y esperé.
El compañero desconocido preguntó que qué demonios estaba pasando y recordé que él había llegado a mitad de la locura.
— Verás, señor compañero, Aotsuki Ayame, ahora conocida jinchuriki de Amegakure, perdió los papeles, lo cual se traduce en caos y destrucción. Datsue pudo detener la destrucción, pero no el caos. Todos se volvieron locos, algunos (los kuseños) más que otros. Uzumaki Eri, aquí presente, y otro shinobi de nuestro villa, se teletransportaron con la jinchuriki para salvarle el culo a todos, básicamente, pero a las otras villas no les sentó bien que les salvaramos el culo. Shanise se lanzó a por Datsue, Hanabi se lanzó a por Shanise y después, toda Kusagakure se lanzó a por Datsue. Obviamente, yo intervine para salvar a mi compañero. Y aquí estamos.
Lo solté todo en carrerilla, sin pararme a pensar en los detalles o en como le sentase a nadie. Toda esa voragine de locura se estaba acelerando demasiado.
Encima después, salió Hanabi con Datsue y Akame y no nos dirigió ni una mirada, ni un asentimiento ni una palabra. Al igual que Datsue y su hermano. Ellos se habían pirado andando tal cual, como Shanise, Yubiwa y hasta los civiles que cotilleaban, todo se había acabado y no nos habían dado ni el marcador ni un resumen ni un puto panfleto promocional de la segunda parte.
Había salvaguardado la puerta para nada. No esperaba una puta fiesta en mi honor, ni mucho menos, pero saber qué coño se había acordado pues sí. Me giré a Eri y el nuev cuando Datsue y Akame con Hanabi se habían perdido de vista.
— Van en dirección al edificio del Uzukage, voy a ir y esperar a que salga Datsue para preguntarle qué cojones ha pasado al final. ¿Venis u os vais?
Esperaría a que me contestasen antes de salir tras el trío de personas demasiado importantes para hablar con la plebe.