4/09/2018, 01:25
Al final, todo terminó en caos.
Aquel día no parecía haber prometido mucho desde el primer momento en que había abierto sus cansados y pesados ojos. Había estado nerviosa y revuelta, como si supiera que algo no iba a salir bien desde el principio, pero se contuvo y se dijo a sí misma que aquello no era ni más ni menos que otro síntoma de los nervios por estar en la recta final del examen.
Así que tras sus preparativos y la verborrea de cada prueba sobre lo que tenían que hacer y lo que no, ella tomó asiento en las gradas, donde todos los participantes podían disfrutar de los combates que los precedían.
Pero aquello se convirtió en algo más que un combate, en algo más personal cuando Datsue, tras su perorata, había provocado a Ayame hasta límites extremos. Estaba horrorizada, mordiéndose las uñas hasta lograr hacer herida en uno de sus dedos de la mano izquierda. ¿Adónde quería llegar con todo aquello? ¡Se le estaba yendo de las manos!
«Cállate, por favor Datsue, concéntrate... Me dijiste que pasarías desapercibido, lo prometiste...» Le pedía mentalmente, más fue en vano, porque Ayame se descontroló. Eri se levantó de un salto y apoyó ambas manos en la barra que les separaba, mirando fijamente a la muchacha que poco a poco dejaba de serlo para pasar a ser lo más parecido a una bestia, algo que ella no podía ni imaginar viniendo de la dulce e inocente Ayame, quien había cantado junto a ella.
Apretó los labios y con ellos, el agarre que ejercía sus manos contra la barra que tenía delante. Debería huir, ayudar a evacuar a los demás civiles que allí se encontraban, expuestos al peligro que suponía estar allí. Pero una vocecilla en su interior decía que aquello no era lo que ella quería, no; ella quería ayudarles, quería hacer algo por sus amigos y no quedarse sentada por una vez en su vida mientras los que le importaban se mataban entre ellos.
—¡Eri! ¡Hay que salir de aquí! ¡YA!
Fue tarde para ella, pues se incorporó cogiendo impulso para colocarse encima de la barra, se giró hacia donde había escuchado la voz de Nabi, que se le antojaba lejana, y, formando una tímida sonrisa; hizo el sello del carnero con su mano izquierda y desapareció...
...Justo para aparecer detrás de Aotsuki Ayame, o lo que una vez fue aquella risueña muchacha, solo para no meterse en medio de la pelea pero poder interferir en ella lo suficiente para poder evitar más daños.
Movida por un impulso para poder salvar a todo aquel que algún día le había importado, la joven pelirroja tomó su muñeca derecha y la sujetó con su izquierda, abriendo su diestra completamente. De cada dedo comenzó a a surgir una llama morada formando un kanji diferente en cada uno, y, justo cuando se formó el último, impactó su mano en la espalda de la bestia.
«Por favor, Ayame-san...»
Aquel día no parecía haber prometido mucho desde el primer momento en que había abierto sus cansados y pesados ojos. Había estado nerviosa y revuelta, como si supiera que algo no iba a salir bien desde el principio, pero se contuvo y se dijo a sí misma que aquello no era ni más ni menos que otro síntoma de los nervios por estar en la recta final del examen.
Así que tras sus preparativos y la verborrea de cada prueba sobre lo que tenían que hacer y lo que no, ella tomó asiento en las gradas, donde todos los participantes podían disfrutar de los combates que los precedían.
Pero aquello se convirtió en algo más que un combate, en algo más personal cuando Datsue, tras su perorata, había provocado a Ayame hasta límites extremos. Estaba horrorizada, mordiéndose las uñas hasta lograr hacer herida en uno de sus dedos de la mano izquierda. ¿Adónde quería llegar con todo aquello? ¡Se le estaba yendo de las manos!
«Cállate, por favor Datsue, concéntrate... Me dijiste que pasarías desapercibido, lo prometiste...» Le pedía mentalmente, más fue en vano, porque Ayame se descontroló. Eri se levantó de un salto y apoyó ambas manos en la barra que les separaba, mirando fijamente a la muchacha que poco a poco dejaba de serlo para pasar a ser lo más parecido a una bestia, algo que ella no podía ni imaginar viniendo de la dulce e inocente Ayame, quien había cantado junto a ella.
Apretó los labios y con ellos, el agarre que ejercía sus manos contra la barra que tenía delante. Debería huir, ayudar a evacuar a los demás civiles que allí se encontraban, expuestos al peligro que suponía estar allí. Pero una vocecilla en su interior decía que aquello no era lo que ella quería, no; ella quería ayudarles, quería hacer algo por sus amigos y no quedarse sentada por una vez en su vida mientras los que le importaban se mataban entre ellos.
—¡Eri! ¡Hay que salir de aquí! ¡YA!
Fue tarde para ella, pues se incorporó cogiendo impulso para colocarse encima de la barra, se giró hacia donde había escuchado la voz de Nabi, que se le antojaba lejana, y, formando una tímida sonrisa; hizo el sello del carnero con su mano izquierda y desapareció...
...Justo para aparecer detrás de Aotsuki Ayame, o lo que una vez fue aquella risueña muchacha, solo para no meterse en medio de la pelea pero poder interferir en ella lo suficiente para poder evitar más daños.
Movida por un impulso para poder salvar a todo aquel que algún día le había importado, la joven pelirroja tomó su muñeca derecha y la sujetó con su izquierda, abriendo su diestra completamente. De cada dedo comenzó a a surgir una llama morada formando un kanji diferente en cada uno, y, justo cuando se formó el último, impactó su mano en la espalda de la bestia.
«Por favor, Ayame-san...»
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)