4/09/2018, 18:48
(Última modificación: 4/09/2018, 19:15 por Aotsuki Ayame. Editado 1 vez en total.)
El brazo de chakra impactó contra algo y aunque el Gobi no pudo comprobat qué había sido, si atinó a escuchar un lamento de dolor y una frase:
—¡Entre los dos omóplatos!
¡NO! ¡NO! ¡NO!
El Gobi rugió ante el significado de aquellas palabras, y el brazo de chakra restalló en el aire con aún más fuerza, buscando aplastar de una vez por todas a aquellos molestos insectos que se empleaban en encadenarla de nuevo. Pero el Uchiha volvió a entrometerse, seccionando el brazo de chakra con un corte limpio, usando su propia extremidad como espada. No importaba. Como una hidra, tres brazos nuevos surgieron del mismo muñón y se abalanzaron sobre Akame. Las garras dirigidas directamente hacia sus ojos...
Y entonces se detuvo en seco.
Eri había alcanzado el sello y había utilizado la ancestral técnica para restablecerlo.
Entonces sintió el dolor.
El Gobi lanzó un último bramido antes de que su voz se rompiera y se transformara en el desgarrador alarido de dolor de Ayame. El chakra blanco se desprendió de su cuerpo con una última voluta de calor y los ferales rasgos de la bestia pronto se suavizaron y regresaron a su habitual gesto infantil. Como un títere al que le hubiesen cortado las cuerdas, Ayame cayó a plomo sobre el suelo con las lágrimas surcando sus mejillas y un profundo gesto de sufrimiento. Quemaba. Toda ella ardía como si hubiera estado ardiendo hasta unos pocos segundos. Y en verdad era así, pues gran parte de su piel presentaba diferentes quemaduras.
—Lo... sien...to... —sollozó débilmente, antes de que su cerebro se apagara.
—¡Entre los dos omóplatos!
¡NO! ¡NO! ¡NO!
El Gobi rugió ante el significado de aquellas palabras, y el brazo de chakra restalló en el aire con aún más fuerza, buscando aplastar de una vez por todas a aquellos molestos insectos que se empleaban en encadenarla de nuevo. Pero el Uchiha volvió a entrometerse, seccionando el brazo de chakra con un corte limpio, usando su propia extremidad como espada. No importaba. Como una hidra, tres brazos nuevos surgieron del mismo muñón y se abalanzaron sobre Akame. Las garras dirigidas directamente hacia sus ojos...
Y entonces se detuvo en seco.
Eri había alcanzado el sello y había utilizado la ancestral técnica para restablecerlo.
Entonces sintió el dolor.
El Gobi lanzó un último bramido antes de que su voz se rompiera y se transformara en el desgarrador alarido de dolor de Ayame. El chakra blanco se desprendió de su cuerpo con una última voluta de calor y los ferales rasgos de la bestia pronto se suavizaron y regresaron a su habitual gesto infantil. Como un títere al que le hubiesen cortado las cuerdas, Ayame cayó a plomo sobre el suelo con las lágrimas surcando sus mejillas y un profundo gesto de sufrimiento. Quemaba. Toda ella ardía como si hubiera estado ardiendo hasta unos pocos segundos. Y en verdad era así, pues gran parte de su piel presentaba diferentes quemaduras.
—Lo... sien...to... —sollozó débilmente, antes de que su cerebro se apagara.