4/09/2018, 19:49
(Última modificación: 4/09/2018, 19:49 por Amedama Daruu.)
Daruu cayó sobre la hierba de la llanura, dolorido. Del golpe, tenía la visión emborronada: no era capaz de ver si Eri había conseguido zafarse del ataque del Gobi. La única señal de que todo había terminado vino por otro sentido: el del oído; un rugido gutural llenó tierra y cielo y retumbó como el lamento de un demonio. O más bien, podría decirse que el lamento de un demonio retumbó. Luego, un destello blanco. Luego, una disculpa. Y luego, el silencio.
El amejin lloró lágrimas de puro alivio y se arrastró gateando como pudo hasta el cuerpo de Ayame. Movió su mano izquierda y comprobó el pulso. Esgrimió una sonrisa triste y se abrazó a ella, desconsolado.
Entonces, Daruu recordó dos cosas, y olvidó una.
—Lo siento, Ayame —susurró, recordando todo lo que Datsue les había hecho antes de hablarle, a él, de lo ocurrido con Aiko. De cómo Daruu había creído, durante su aventura en la isla con el pirata en un primer momento, que el Uchiha era un crío en el cuerpo de un ninja poderoso y que sólo buscaba satisfacer sus propios intereses. Olvidó todo lo que habían pasado juntos, la conversación en la hoguera, y las consideró una falsedad para protegerse a sí mismo. Para cuando Daruu se enterara de lo del sello. Eso debía ser—. Tenías razón. Tenías toda la puta razón, Ayame. Ese Datsue es una sabandija. Él prometió hacer las paces contigo y con Kaido, y te hace... esto. —Datsue se había excedido por un buen puñado, y con eso, acababa de traicionar por completo el ya fino hilo de confianza que tenía con Amedama Daruu. La más sutil esperanza de que él le ayudase con el rescate de Watasashi Aiko.
El muchacho levantó la vista un momento y la dirigió a los shinobi que habían salvado a su amada.
—Gracias. Procuraré no olvidar esto —dijo—. Aunque ahora supongo que somos adversarios de forma permanente, ¿eh, Akame-kun? —Sonrió. Era una sonrisa triste. Y entonces recordó que, irónicamente y hace mucho tiempo atrás, había habido una escena parecida a aquella. Las lágrimas no eran tales sino gotas de lluvia, y el motivo por el que estaba con Akame era otro muy distinto. Pero incluso había otra chica llamada Eri. El mismo nombre.
Aquello tenía que ser cosa del destino.
Sin duda, Uchiha Akame entendería el subtexto detrás de aquellas palabras. Aquél día, él y Daruu habían discutido, y Akame defendió que hubiese intentado matar al amejin porque había recibido las órdenes de un superior. Daruu podría no olvidar aquel favor nunca, nunca jamás. Pero quizás la próxima vez que se enfrentaran tuvieran un peso mayor que las buenas deudas sobre los hombros.
—Supongo que la vida del ninja es no dejar de estar de servicio ni para un puto examen, ¿eh? —dijo, pasándose el brazo de Ayame por encima del hombro.
El amejin lloró lágrimas de puro alivio y se arrastró gateando como pudo hasta el cuerpo de Ayame. Movió su mano izquierda y comprobó el pulso. Esgrimió una sonrisa triste y se abrazó a ella, desconsolado.
Entonces, Daruu recordó dos cosas, y olvidó una.
—Lo siento, Ayame —susurró, recordando todo lo que Datsue les había hecho antes de hablarle, a él, de lo ocurrido con Aiko. De cómo Daruu había creído, durante su aventura en la isla con el pirata en un primer momento, que el Uchiha era un crío en el cuerpo de un ninja poderoso y que sólo buscaba satisfacer sus propios intereses. Olvidó todo lo que habían pasado juntos, la conversación en la hoguera, y las consideró una falsedad para protegerse a sí mismo. Para cuando Daruu se enterara de lo del sello. Eso debía ser—. Tenías razón. Tenías toda la puta razón, Ayame. Ese Datsue es una sabandija. Él prometió hacer las paces contigo y con Kaido, y te hace... esto. —Datsue se había excedido por un buen puñado, y con eso, acababa de traicionar por completo el ya fino hilo de confianza que tenía con Amedama Daruu. La más sutil esperanza de que él le ayudase con el rescate de Watasashi Aiko.
El muchacho levantó la vista un momento y la dirigió a los shinobi que habían salvado a su amada.
—Gracias. Procuraré no olvidar esto —dijo—. Aunque ahora supongo que somos adversarios de forma permanente, ¿eh, Akame-kun? —Sonrió. Era una sonrisa triste. Y entonces recordó que, irónicamente y hace mucho tiempo atrás, había habido una escena parecida a aquella. Las lágrimas no eran tales sino gotas de lluvia, y el motivo por el que estaba con Akame era otro muy distinto. Pero incluso había otra chica llamada Eri. El mismo nombre.
Aquello tenía que ser cosa del destino.
Sin duda, Uchiha Akame entendería el subtexto detrás de aquellas palabras. Aquél día, él y Daruu habían discutido, y Akame defendió que hubiese intentado matar al amejin porque había recibido las órdenes de un superior. Daruu podría no olvidar aquel favor nunca, nunca jamás. Pero quizás la próxima vez que se enfrentaran tuvieran un peso mayor que las buenas deudas sobre los hombros.
—Supongo que la vida del ninja es no dejar de estar de servicio ni para un puto examen, ¿eh? —dijo, pasándose el brazo de Ayame por encima del hombro.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)