4/09/2018, 22:35
«Ya está... Todo... Todo ha terminado...»
Pero Eri no se movió de su posición, y siguió allí, clavada, con los dedos acariciando la marca que mantenía al Gobi a raya. Entonces fue cuando el ser emitió un chillido desgarrador que le caló hasta lo más profundo de su corazón, sintiendo por un momento el dolor de aquella bestia dentro de su propio ser, sobre todo porque después se fue transformando en el aullido lastimero de Ayame, desgarrando su interior por el dolor que aquello le provocaba. La capa de chakra se desvaneció de su pequeño cuerpo, y éste, terminado, cayó al suelo.
—Lo... sien...to...
«No... Lo siento yo...»
Si quizá hubiese sido más rápida.
Se arrodilló justo al lado del cuerpo de Ayame, dejando espacio a Daruu que, arrastrándose, logró llegar a ella y comprobar que el tiempo de la joven morena todavía corría por sus venas. Eri dejó caer un par de lágrimas y pensó que podía descansar por un momento, sonriendo ligeramente al comprobar que Ayame viviría algo más.
—Gracias. Procuraré no olvidar esto —dijo Daruu, tras dedicarle unas palabras a la muchacha que yacía medio inerte entre sus brazos—. Aunque ahora supongo que somos adversarios de forma permanente, ¿eh, Akame-kun?
Por fuera, Eri no entendió aquello, pero en el fondo, sabía lo que suponían las palabras de aquel muchacho. Miró a su compañero y superior, Uchiha Akame, quien se había mantenido al margen hasta que Daruu se había dirigido a él. Ella, que seguía algo sobrecogida, le miró buscando respuestas en su serio rostro.
—Por desgracia... Así es —sin embargo, Akame tenía algo en mente, un plan en el cual ella también formaba parte—. ¡Eri-san! ¡Las esposas en mi portaobjetos!
Abrió los ojos como platos y el corazón se le paró por unas milésimas de segundo, sin embargo y con lágrimas en los ojos, Eri corrió a tomar el objeto requerido por su superior, y, entendiendo ligeramente lo que Akame tenía dentro de la cabeza, esposó a Daruu con una rápidez que ni ella misma creía que tenía, no sin antes murmurar sin voz:
Acababa de cerrar aquella pequeña amistad establecida con aquel simple gesto, y, pese a que una parte del pecho le ardía tanto que parecía quemarla por dentro, no dejó ver ni un ápice de duda en su sonrosado rostro, aunque por dentro se estuviese muriendo por imponer su voluntad, dejar a Ayame y Daruu libres para que él la llevase a algún lugar donde pudieran sanarla...
«No...»
Y con algo pesado ocupándole el pecho y nublándole parcialmente la cabeza, se levantó y se retiró ligeramente de Daruu, adoptando una posición defensiva. Todavía no podía bajar la guardia.
Pero Eri no se movió de su posición, y siguió allí, clavada, con los dedos acariciando la marca que mantenía al Gobi a raya. Entonces fue cuando el ser emitió un chillido desgarrador que le caló hasta lo más profundo de su corazón, sintiendo por un momento el dolor de aquella bestia dentro de su propio ser, sobre todo porque después se fue transformando en el aullido lastimero de Ayame, desgarrando su interior por el dolor que aquello le provocaba. La capa de chakra se desvaneció de su pequeño cuerpo, y éste, terminado, cayó al suelo.
—Lo... sien...to...
«No... Lo siento yo...»
Si quizá hubiese sido más rápida.
Se arrodilló justo al lado del cuerpo de Ayame, dejando espacio a Daruu que, arrastrándose, logró llegar a ella y comprobar que el tiempo de la joven morena todavía corría por sus venas. Eri dejó caer un par de lágrimas y pensó que podía descansar por un momento, sonriendo ligeramente al comprobar que Ayame viviría algo más.
—Gracias. Procuraré no olvidar esto —dijo Daruu, tras dedicarle unas palabras a la muchacha que yacía medio inerte entre sus brazos—. Aunque ahora supongo que somos adversarios de forma permanente, ¿eh, Akame-kun?
Por fuera, Eri no entendió aquello, pero en el fondo, sabía lo que suponían las palabras de aquel muchacho. Miró a su compañero y superior, Uchiha Akame, quien se había mantenido al margen hasta que Daruu se había dirigido a él. Ella, que seguía algo sobrecogida, le miró buscando respuestas en su serio rostro.
—Por desgracia... Así es —sin embargo, Akame tenía algo en mente, un plan en el cual ella también formaba parte—. ¡Eri-san! ¡Las esposas en mi portaobjetos!
Abrió los ojos como platos y el corazón se le paró por unas milésimas de segundo, sin embargo y con lágrimas en los ojos, Eri corrió a tomar el objeto requerido por su superior, y, entendiendo ligeramente lo que Akame tenía dentro de la cabeza, esposó a Daruu con una rápidez que ni ella misma creía que tenía, no sin antes murmurar sin voz:
"Lo siento."
Acababa de cerrar aquella pequeña amistad establecida con aquel simple gesto, y, pese a que una parte del pecho le ardía tanto que parecía quemarla por dentro, no dejó ver ni un ápice de duda en su sonrosado rostro, aunque por dentro se estuviese muriendo por imponer su voluntad, dejar a Ayame y Daruu libres para que él la llevase a algún lugar donde pudieran sanarla...
«No...»
Y con algo pesado ocupándole el pecho y nublándole parcialmente la cabeza, se levantó y se retiró ligeramente de Daruu, adoptando una posición defensiva. Todavía no podía bajar la guardia.
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)