4/09/2018, 23:03
(Última modificación: 4/09/2018, 23:05 por Uchiha Akame. Editado 1 vez en total.)
Click.
El sonido de las esposas de supresión del flujo de chakra al cerrarse en torno a las muñecas de Daruu sacó a ambos del Saimingan. Eri había cumplido la orden.
«Se acabó...»
Akame cerró los ojos un momento, mientras los gritos impotentes de Daruu inundaban el aire.
Hay una diferencia fundamental entre un rival y un enemigo. Al enemigo se le combate con todo, no se le ofrece ni la más mínima compasión ni piedad; el enemigo es quien debe ser erradicado a toda costa. Contra el enemigo se utiliza cualquier arma o recurso disponible, se lucha con uñas y dientes. Un rival es distinto; porque incluso aunque se encuentre al otro lado de la trinchera, al rival se le reconoce como a un igual. Se le admite esa clase de respeto que sólo puede darse entre dos guerreros que están acostumbrados a jugarse la vida por los mismos motivos bajo distinta bandera.
Aquel día, Akame aprendió que, en el mundo ninja, no había lugar para tales diferenciaciones. Que aquellas consideraciones eran un lujo reservado para las novelas fantásticas y las historias de leyendas, de hombres y mujeres sabios y poderosos que jamás existirían. Él se había pasado su peculiar vida creyendo en aquellas historias... Pero ahora sabía que no eran más que eso. Cuentos. No había en todo Oonindo alguien tan sabio si permitía que existiesen tales cosas como los jinchuuriki.
Le dedicó una última mirada de tristeza a la joven inconsciente que yacía sobre la hierba.
«Lo siento...»
Encaró a Daruu, que estaba intentando propinarle un cabezazo a Eri, y le apartó de un empujón, tirándole al suelo.
—Buen trabajo, Eri-san —felicitó con voz gris—. Volvamos a casa.
Akame le tendió una mano a la Uzumaki mientras con la otra levantaba a Daruu, agarrándole del cuello de la camisa, y luego ponía su bota ninja sobre el cuerpo inconsciente de Ayame. Chispas de chakra carmesí se arremolinaron en torno a ellos, como las lágrimas de un dios furioso, mientras el Sharingan izquierdo de Akame adoptaba un diseño parecido a un remolino, y luego el espacio a su alrededor se deformó en apenas un instante.
Zzzzup.
—
Cuatro figuras aparecieron como creadas por generación espontánea en la puerta del hospital de Uzushiogakure no Sato. Akame se encorvó ligeramente un momento mientras se recuperaba del dolor y el esfuerzo que le suponía utilizar su Mangekyō Sharingan. Al menos aquella vez no habían sido expulsados en el espacio como si un ente invisible les acabara de vomitar sobre el suelo, sino que "aterrizaron" con más o menos suavidad.
—¡Un médico, rápido! —vociferó el jōnin, mientras soltaba la mano a Eri y obligaba a Daruu a colocarse de rodillas, con sus manos esposadas sobre la cabeza—. ¡Esta muchacha necesita atención médica urgente!
Luego se volteó hacia la Uzumaki.
—Eri-san, ve a buscar a Hanabi-sama, por favor. Quizás todavía esté en el Estadio —pidió el jōnin—. Y no comentes lo que ha pasado con nadie, ¿entendido?