5/09/2018, 09:42
El alivio que sintió Akame al ver al Uzukage aparecer se evaporó rápidamente cuando estuvo a solas con él —y con el amejin— en el despacho de una tal doctora Unobe Ria. No conocía mucho a Sarutobi Hanabi, más allá de las situaciones peliagudas en las que el mandatario había intervenido, como aquella misma; pero tampoco le hacía falta para darse cuenta de que estaba furioso. «¿Y quién no? La jinchuuriki de Ame, descontrolada, liberando a su bijuu en mitad de la Aldea...»
Sin embargo, el joven jōnin jamás habría imaginado que su inmediato superior estaba a punto de descargar aquella ira sobre él.
Aguantó la pregunta sin despegar la mirada —había desactivado el Sharingan— de los ojos de su Kage, estoico, como si estuviese recibiendo un chaparrón. La adrenalina ya había desaparecido de su sangre y ahora los dolores y el cansancio empezaban a hacer mella en él, pero aun así el Uchiha se forzó a pensar. A ordenar sus ideas de forma clara y calmada.
«¿Qué he hecho?»
—Hanabi-sama —dijo primero, con una ligera inclinación de cabeza que le costó más de lo que nunca habría creído—. Me llevé a la jinchuuriki descontrolada a un lugar donde no pudiera causar daños colaterales. Luego, con mi ayuda y la de este amejin, Uzumaki Eri fue capaz de ejecutar un contrasellado sobre el Fuuinjutsu de la jinchuuriki, inhibiendo los poderes de su bijuu. Luego —se detuvo un momento, titubeante—, luego volví aquí, al hospital. La jinchuuriki estaba realmente malherida y necesitaba tratamiento médico urgente.
Entonces fue el turno de Akame para devolver la pregunta a su gobernante.
—¿Qué ha pasado en el Estadio de Celebraciones, Hanabi-sama?
Sin embargo, el joven jōnin jamás habría imaginado que su inmediato superior estaba a punto de descargar aquella ira sobre él.
Aguantó la pregunta sin despegar la mirada —había desactivado el Sharingan— de los ojos de su Kage, estoico, como si estuviese recibiendo un chaparrón. La adrenalina ya había desaparecido de su sangre y ahora los dolores y el cansancio empezaban a hacer mella en él, pero aun así el Uchiha se forzó a pensar. A ordenar sus ideas de forma clara y calmada.
«¿Qué he hecho?»
—Hanabi-sama —dijo primero, con una ligera inclinación de cabeza que le costó más de lo que nunca habría creído—. Me llevé a la jinchuuriki descontrolada a un lugar donde no pudiera causar daños colaterales. Luego, con mi ayuda y la de este amejin, Uzumaki Eri fue capaz de ejecutar un contrasellado sobre el Fuuinjutsu de la jinchuuriki, inhibiendo los poderes de su bijuu. Luego —se detuvo un momento, titubeante—, luego volví aquí, al hospital. La jinchuuriki estaba realmente malherida y necesitaba tratamiento médico urgente.
Entonces fue el turno de Akame para devolver la pregunta a su gobernante.
—¿Qué ha pasado en el Estadio de Celebraciones, Hanabi-sama?