5/09/2018, 17:59
Si algo no esperaba Uchiha Akame era que su Uzukage respondiese con la contundencia con que lo hizo, sobre todo después de lo que le había contado Daruu. «Se ha dado cuenta de que el amejin intentaba manipularle y parece que no le ha sentado demasiado bien», dedujo el joven jōnin. Con el nuevo giro de acontecimientos, Akame suponía que Daruu sería lo bastante inteligente como para aceptar las condiciones que el máximo mandatario de Uzu había impuesto para que volviesen sanos y salvos.
Sin embargo, lo que de verdad le impactó fue lo que Hanabi había dicho sobre Shanise —la encargada de los ninjas de Ame durante el Examen—. «¿La Lluvia dió por terminado el Pacto? ¿Pero qué cojones...?» Todavía más sorprendente fue cuando el Sarutobi aseguró que aquella mujer que representaba la voluntad de Amekoro Yui en el extranjero había intentado asesinar a uno de los participantes del Remolino.
A Akame no le costó imaginarse de quién se trataba. Apretó los puños y bajó la cabeza. «Hijos de puta...» Trató de calmarse durante unos momentos, su Uzukage acababa de hacer un magistral despliegue dialéctico y él no iba a estropearlo con un cabreo impulsivo. En su lugar, volvió a alzar la vista y habló.
—No es necesario que Daruu se disculpe conmigo, Hanabi-sama —miró un momento al de la Lluvia—. Sólo estaba cumpliendo con mi deber.
Pese a todo, el saber que sus acciones se habían encuadrado en un marco donde el Pacto entre Aldeas estaba roto le supuso un tremendo alivio al Uchiha. Sí, su decisión había sido arriesgada, pero para él seguía siendo la más correcta; y eso, en el mundo ninja, era lo máximo a lo que se podía aspirar algunas veces. Sobre todo teniendo en cuenta que la Lluvia se había excedido múltiples veces con ellos; primero el pergamino trampa, luego si jinchuuriki perdiendo el control, y finalmente la llamada Shanise tratando de asesinar a un ninja del Remolino y escupiendo al Uzukage.
Así pues, Akame se levantó con una ligera reverencia.
—Hanabi-sama —ahora había un asunto acuciante que le preocupaba... La salud de ese ninja que había sido atacado por Shanise, y cuya identidad ya sospechaba—. Con permiso, me gustaría comprobar el estado del participante que fue atacado. —añadió, sacando de su portaobjetos un comunicador avanzado de color negro.
Si el Uzukage le daba permiso, Akame se colocaría el aparato en la oreja. Sus dedos marcarían casi por instinto la frecuencia que utilizaban los Hermanos del Desierto en sus misiones —93218— y... Ahí estaba.
—¡Eh! ¡¿Alguien ahí?! ¡¿Dónde mierda estás?! ¿Qué coño está pasando? ¿Hola? ¿Hola?
La voz de Datsue resonó en su auricular. Akame dejó escapar un suspiro de alivio.
—Datsue-kun —respondió—. Estoy en el hospital con Hanabi-sama y Amedama Daruu. LA jinchuuriki de Ame también está aquí, recibiendo atención médica.
Sin embargo, lo que de verdad le impactó fue lo que Hanabi había dicho sobre Shanise —la encargada de los ninjas de Ame durante el Examen—. «¿La Lluvia dió por terminado el Pacto? ¿Pero qué cojones...?» Todavía más sorprendente fue cuando el Sarutobi aseguró que aquella mujer que representaba la voluntad de Amekoro Yui en el extranjero había intentado asesinar a uno de los participantes del Remolino.
A Akame no le costó imaginarse de quién se trataba. Apretó los puños y bajó la cabeza. «Hijos de puta...» Trató de calmarse durante unos momentos, su Uzukage acababa de hacer un magistral despliegue dialéctico y él no iba a estropearlo con un cabreo impulsivo. En su lugar, volvió a alzar la vista y habló.
—No es necesario que Daruu se disculpe conmigo, Hanabi-sama —miró un momento al de la Lluvia—. Sólo estaba cumpliendo con mi deber.
Pese a todo, el saber que sus acciones se habían encuadrado en un marco donde el Pacto entre Aldeas estaba roto le supuso un tremendo alivio al Uchiha. Sí, su decisión había sido arriesgada, pero para él seguía siendo la más correcta; y eso, en el mundo ninja, era lo máximo a lo que se podía aspirar algunas veces. Sobre todo teniendo en cuenta que la Lluvia se había excedido múltiples veces con ellos; primero el pergamino trampa, luego si jinchuuriki perdiendo el control, y finalmente la llamada Shanise tratando de asesinar a un ninja del Remolino y escupiendo al Uzukage.
Así pues, Akame se levantó con una ligera reverencia.
—Hanabi-sama —ahora había un asunto acuciante que le preocupaba... La salud de ese ninja que había sido atacado por Shanise, y cuya identidad ya sospechaba—. Con permiso, me gustaría comprobar el estado del participante que fue atacado. —añadió, sacando de su portaobjetos un comunicador avanzado de color negro.
Si el Uzukage le daba permiso, Akame se colocaría el aparato en la oreja. Sus dedos marcarían casi por instinto la frecuencia que utilizaban los Hermanos del Desierto en sus misiones —93218— y... Ahí estaba.
—¡Eh! ¡¿Alguien ahí?! ¡¿Dónde mierda estás?! ¿Qué coño está pasando? ¿Hola? ¿Hola?
La voz de Datsue resonó en su auricular. Akame dejó escapar un suspiro de alivio.
—Datsue-kun —respondió—. Estoy en el hospital con Hanabi-sama y Amedama Daruu. LA jinchuuriki de Ame también está aquí, recibiendo atención médica.