6/09/2018, 00:36
Un par de palmadas que exigían atención inundaron el ambiente, cortando en seco la crispación que comenzaba a sentirse en el ambiente. Yubiwa avanzaba, con gesto serio hacia sus genin.
—Basta, chicos, basta ya. Os he dicho que ya podéis parar, vuestra misión ha concluido —afirmó, dirigiéndose a todos y cada uno de ellos, aunque hacía especial hincapié en los dos Inuzuka, que parecían estar a punto de saltar el uno sobre el otro como perros enrabiados—. Ahora, simplemente, observemos cómo se desarrollan los acontecimientos.
Giró la cabeza con una afable sonrisa. Y sus ojos anillados se cruzaron entonces con los de Datsue y su mirada vagó hasta su hombro herido.
—Deberías vigilar esa herida sangrante, chico. Podría convertirse en algo feo —le avisó, y entonces su rostro adoptó un gesto pensativo—. Por cierto... ¿no te habré visto por la Ribera del Norte?
—Basta, chicos, basta ya. Os he dicho que ya podéis parar, vuestra misión ha concluido —afirmó, dirigiéndose a todos y cada uno de ellos, aunque hacía especial hincapié en los dos Inuzuka, que parecían estar a punto de saltar el uno sobre el otro como perros enrabiados—. Ahora, simplemente, observemos cómo se desarrollan los acontecimientos.
Giró la cabeza con una afable sonrisa. Y sus ojos anillados se cruzaron entonces con los de Datsue y su mirada vagó hasta su hombro herido.
—Deberías vigilar esa herida sangrante, chico. Podría convertirse en algo feo —le avisó, y entonces su rostro adoptó un gesto pensativo—. Por cierto... ¿no te habré visto por la Ribera del Norte?