6/09/2018, 00:38
—Kaido, esa transformación no engaña a nadie. Deja de hacer el capullo —dijo Shanise, a un cualquiera. Kaido era azul, con dientes afilados, y esta persona era un burdo intento de ciudadano de Uzushio. Pero incluso así logró ver a través de su frágil subterfugio.
Él, quien quiera que fuera, sonrió a la par de que un sonoro puff acompañaba una ligera estela de humo que cubría su cuerpo. Luego, de éste, sí que emergió Kaido.
—Bueno, tenía que intentarlo.
Pintoresco como nadie, con ese manojo de dientes mostrándose grácil ante los presentes. No perdió tiempo en ponerse a la par de su superior, plenamente satisfecho de que tanto ella como él conocían del paradero de sus compañeros. No había tenido que ir a avisar hasta el barco, así que ahora su única preocupación era lo que pudiera estar sucediendo allá, en...
El Tiburón de Amegakure acompañó entonces a la jonin, al menos hasta que le fue permitido. Ella se adentró hasta la estancia del Hospital, y él no tuvo más remedio que aguardar entre la asquerosa muchedumbre —llámese kusajin y uzujin a partes iguales— con los brazos cruzados. Chulesco, sonriendo como si aquello le hiciera una puta gracia.
Pero no. Por dentro estaba absurdamente preocupado. Por Daruu, por Ayame. Y quizás, también, por sí mismo.
Lo último que hizo fue mirar a Uchiha Datsue con gallardía. ¿Cómo es que el tiburón había llegado primero que ellos?
¿Estaría Keisuke irremediablemente mu...
? ...
Él, quien quiera que fuera, sonrió a la par de que un sonoro puff acompañaba una ligera estela de humo que cubría su cuerpo. Luego, de éste, sí que emergió Kaido.
—Bueno, tenía que intentarlo.
Pintoresco como nadie, con ese manojo de dientes mostrándose grácil ante los presentes. No perdió tiempo en ponerse a la par de su superior, plenamente satisfecho de que tanto ella como él conocían del paradero de sus compañeros. No había tenido que ir a avisar hasta el barco, así que ahora su única preocupación era lo que pudiera estar sucediendo allá, en...
El Tiburón de Amegakure acompañó entonces a la jonin, al menos hasta que le fue permitido. Ella se adentró hasta la estancia del Hospital, y él no tuvo más remedio que aguardar entre la asquerosa muchedumbre —llámese kusajin y uzujin a partes iguales— con los brazos cruzados. Chulesco, sonriendo como si aquello le hiciera una puta gracia.
Pero no. Por dentro estaba absurdamente preocupado. Por Daruu, por Ayame. Y quizás, también, por sí mismo.
Lo último que hizo fue mirar a Uchiha Datsue con gallardía. ¿Cómo es que el tiburón había llegado primero que ellos?
¿Estaría Keisuke irremediablemente mu...
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