6/09/2018, 01:54
Shanise era incluso peor parlamentaria que Yui. Pero ni la evidente falta de perspectiva, tacto y compromiso de la mujer iban a detener a Hanabi.
— Muy bien. Que así sea pues. Es una pena que no os vayáis a quedar para las fiestas de después del examen.
Y tampoco añadió nada más. Subieron escaleras, cruzaron pasillos, volvieron a subir escaleras y volvieron a cruzar pasillos, entre medias iban doblando esquinas sin que Hanabi decidiese darle más cancha. Hasta que llegaron a unas puertas dobles que tenían una luz roja encima. La luz se apagó tan pronto como ambos llegaron a ese pasillo.
— Oh, no.
Era muy pronto para que se apagasen, con Datsue tardaron horas, si se habían apagado solo podía significar... Antes de encarar a Shanise, decidió acelerar el paso y asegurarse. La puerta se abrió apenas había empezado a andar Hanabi.
— Hanabi-sama...
— Ria-san, ¿cómo está la muchacha?
Era una mujer morena que iba con toda la indumentaria de médico, la bata blanca, la mascarilla en el cuello para ponersela de ser necesario y los guantes, que se estaba quitando allí mismo.
— Sedada hasta las trancas, no creo que haya ningún... — paró ante las insistentes señas de Hanabi para que mirase a su acompañante. — Vaya, buenas, Shanise-sama. Aotsuki Ayame está perfectamente, tardará un tiempo en despertarse, calculo que medio día más o menos, pero físicamente está bien. El sellado fue rápido, lo cual ayudó bastante, y el sedante es especial para jinchurikis. Lo inventamos ante la posibilidad de que hubiese incidentes de este tipo. Si me da un momento, le daré una lista de medicamentos que no puede darle durante los próximos días.
Intentó pasar de largo para bajar a su despacho pero Hanabi se lo impidió.
— Sobre eso, Ria-san, igual le he dado uno de tus sedantes a un shinobi de Amegakure, está en recepción, ¿puedes echarle un vistazo?
La mujer suspiró y se quitó el otro guante dedicandole una mala mirada a Hanabi, resignandose a contestarle delante de Shanise.
— Por supuesto, Hanabi-sama. Ahora, si me disculpáis.
Se marchó por donde ellos habían venido tras hacerle una leve reverencia tanto a Hanabi como a Shanise.
— La anestesista.
Aclaró Hanabi antes de intentar atravesar las puertas de nuevo, solo para ser detenidos por una camilla. La de Aotsuki Ayame. Conducida por un joven de menos de veinte años, llevaba el pelo extremadamente corto y tenía una cara perfectamente redonda. Vestía con una camiseta azul claro y unos pantalones negros. Paró en seco al ver a Hanabi y Shanise.
— Uopsie, em, ¿Hanabi-sama, señor?
— Oh, bien, Katsu. Supongo que llevabas a Ayame a su habitación. — ante el leve asentimiento del muchacho, siguió hablando. — Bien, bien, cancelalo todo. Quitale todos los cacharros y bolsitas de suero. Se va con Shanise-san de vuelta a Amegakure.
— Como mande, señor.
Ayame vestía únicamente una bata de hospital, de esas de papel abiertas por detrás. Tras desconectarle todos los medicamentos y sueros y quitarle lo demás, la cogió en brazos y se la pasó a Shanise.
— No, Katsu, así no. — el chico paró ipsofacto, su kage cogió la sabana de la camilla y se la echó por encima a la inconsciente Ayame. — Mucho mejor, eso es todo, Katsu, puedes irte.
Esperó a que se fuera para hablar.
— ¿Algo más que necesites, Shanise-san?
— Muy bien. Que así sea pues. Es una pena que no os vayáis a quedar para las fiestas de después del examen.
Y tampoco añadió nada más. Subieron escaleras, cruzaron pasillos, volvieron a subir escaleras y volvieron a cruzar pasillos, entre medias iban doblando esquinas sin que Hanabi decidiese darle más cancha. Hasta que llegaron a unas puertas dobles que tenían una luz roja encima. La luz se apagó tan pronto como ambos llegaron a ese pasillo.
— Oh, no.
Era muy pronto para que se apagasen, con Datsue tardaron horas, si se habían apagado solo podía significar... Antes de encarar a Shanise, decidió acelerar el paso y asegurarse. La puerta se abrió apenas había empezado a andar Hanabi.
— Hanabi-sama...
— Ria-san, ¿cómo está la muchacha?
Era una mujer morena que iba con toda la indumentaria de médico, la bata blanca, la mascarilla en el cuello para ponersela de ser necesario y los guantes, que se estaba quitando allí mismo.
— Sedada hasta las trancas, no creo que haya ningún... — paró ante las insistentes señas de Hanabi para que mirase a su acompañante. — Vaya, buenas, Shanise-sama. Aotsuki Ayame está perfectamente, tardará un tiempo en despertarse, calculo que medio día más o menos, pero físicamente está bien. El sellado fue rápido, lo cual ayudó bastante, y el sedante es especial para jinchurikis. Lo inventamos ante la posibilidad de que hubiese incidentes de este tipo. Si me da un momento, le daré una lista de medicamentos que no puede darle durante los próximos días.
Intentó pasar de largo para bajar a su despacho pero Hanabi se lo impidió.
— Sobre eso, Ria-san, igual le he dado uno de tus sedantes a un shinobi de Amegakure, está en recepción, ¿puedes echarle un vistazo?
La mujer suspiró y se quitó el otro guante dedicandole una mala mirada a Hanabi, resignandose a contestarle delante de Shanise.
— Por supuesto, Hanabi-sama. Ahora, si me disculpáis.
Se marchó por donde ellos habían venido tras hacerle una leve reverencia tanto a Hanabi como a Shanise.
— La anestesista.
Aclaró Hanabi antes de intentar atravesar las puertas de nuevo, solo para ser detenidos por una camilla. La de Aotsuki Ayame. Conducida por un joven de menos de veinte años, llevaba el pelo extremadamente corto y tenía una cara perfectamente redonda. Vestía con una camiseta azul claro y unos pantalones negros. Paró en seco al ver a Hanabi y Shanise.
— Uopsie, em, ¿Hanabi-sama, señor?
— Oh, bien, Katsu. Supongo que llevabas a Ayame a su habitación. — ante el leve asentimiento del muchacho, siguió hablando. — Bien, bien, cancelalo todo. Quitale todos los cacharros y bolsitas de suero. Se va con Shanise-san de vuelta a Amegakure.
— Como mande, señor.
Ayame vestía únicamente una bata de hospital, de esas de papel abiertas por detrás. Tras desconectarle todos los medicamentos y sueros y quitarle lo demás, la cogió en brazos y se la pasó a Shanise.
— No, Katsu, así no. — el chico paró ipsofacto, su kage cogió la sabana de la camilla y se la echó por encima a la inconsciente Ayame. — Mucho mejor, eso es todo, Katsu, puedes irte.
Esperó a que se fuera para hablar.
— ¿Algo más que necesites, Shanise-san?