6/09/2018, 12:29
(Última modificación: 6/09/2018, 12:30 por Uchiha Akame.)
—Arg, joder, duele —masculló Uchiha Akame mientras un enfermero le daba las últimas puntadas de hilo en la costura que le recorría, ahora, medio costado izquierdo. Habían tenido que darle un buen número de puntos de sutura debido al feo corte que Daruu le había hecho con su ataque sorpresa. «Soy un jodido inútil, ¿¡cómo no se me ocurrió registrarle para comprobar que no llevaba armas ocultas!?», se martirizaba el jōnin, que acostumbraba a ser autoexigente hasta límites enfermizos.
Sin embargo, sentía cierto alivio de poder estar pensando en detalles como aquel. Después de que Hanabi "matase" a Daruu con veneno, Akame había descubierto que el amejin estaba en realidad sedado, y que todo había sido parte del plan de su Uzukage para preservar al Remolino de un conflicto directo con la Lluvia. Luego, la mandíbula casi se le había descolgado al ver aparecer por allí a Shanise, la mano derecha de Amekoro Yui, como Pedro por su casa; y, aun así, habían sido afortunados de que los acontecimientos se desarrollasen de esa forma. Lo último que había visto había sido a Hanabi y Shanise perdiéndose tras la esquina de las escaleras que conducían a Cuidados Intensivos, pero eso ya era más esperanzador que tener que salir fuera y empezar a cazar amejin.
El enfermero remató los puntos y luego le colocó una venda blanca como la nieve, asegurando que tendría que cambiársela cada dos días como mínimo. Akame asintió, ahogando un bufido de dolor al incorporarse, y agradeció secamente la atención recibida. Todo cuanto quería en aquel momento era volver a la recepción, colocarse el comunicador en la oreja y...
—¡Datsue! ¡Datsue!
Nada más salir de la sala de curas, el joven jōnin se encontró con su Hermano en la recepción. Estaba herido en un brazo —según recordaba Akame, aquello había sido parte del combate, antes de que todo se volviese caótico— pero por lo demás parecía gozar de buena salud. Él, por su parte, andaba a paso lento y tenía una mano sobre las vendas que cubrían su torso, ahora apenas cubierto por una camisa blanca que se abría a la altura del pecho.
—¿Qué cojones ha pasado en el Estadio? —se apresuró a preguntar—. Hanabi-sama me ha dicho que esa perra de Amegak... —de repente su mirada captó una figura mayormente azul, y se mordió la lengua—. Ejem, que la lugarteniente de Amegakure intentó asesinar a uno de los nuestros. ¿Eras tú?
Sin embargo, sentía cierto alivio de poder estar pensando en detalles como aquel. Después de que Hanabi "matase" a Daruu con veneno, Akame había descubierto que el amejin estaba en realidad sedado, y que todo había sido parte del plan de su Uzukage para preservar al Remolino de un conflicto directo con la Lluvia. Luego, la mandíbula casi se le había descolgado al ver aparecer por allí a Shanise, la mano derecha de Amekoro Yui, como Pedro por su casa; y, aun así, habían sido afortunados de que los acontecimientos se desarrollasen de esa forma. Lo último que había visto había sido a Hanabi y Shanise perdiéndose tras la esquina de las escaleras que conducían a Cuidados Intensivos, pero eso ya era más esperanzador que tener que salir fuera y empezar a cazar amejin.
El enfermero remató los puntos y luego le colocó una venda blanca como la nieve, asegurando que tendría que cambiársela cada dos días como mínimo. Akame asintió, ahogando un bufido de dolor al incorporarse, y agradeció secamente la atención recibida. Todo cuanto quería en aquel momento era volver a la recepción, colocarse el comunicador en la oreja y...
—¡Datsue! ¡Datsue!
Nada más salir de la sala de curas, el joven jōnin se encontró con su Hermano en la recepción. Estaba herido en un brazo —según recordaba Akame, aquello había sido parte del combate, antes de que todo se volviese caótico— pero por lo demás parecía gozar de buena salud. Él, por su parte, andaba a paso lento y tenía una mano sobre las vendas que cubrían su torso, ahora apenas cubierto por una camisa blanca que se abría a la altura del pecho.
—¿Qué cojones ha pasado en el Estadio? —se apresuró a preguntar—. Hanabi-sama me ha dicho que esa perra de Amegak... —de repente su mirada captó una figura mayormente azul, y se mordió la lengua—. Ejem, que la lugarteniente de Amegakure intentó asesinar a uno de los nuestros. ¿Eras tú?