6/09/2018, 13:21
No obstante, Shanise acompañó a Hanabi unos metros. Entonces, formuló un sello y formó un Kage Bunshin, que continuaría con el hasta el piso inferior. La original acompañaba ahora a Katsu y Ayame. Y no se separaría de ella.
—Cumpliré con mi parte. Espero que tus "Uchihas", a los que me refiero como "Uchihas" cumplan también tu parte.
—No somos tan indisciplinados como crees, Shanise-san. ¿Se puede decir lo mismo de vosotros?
«Vaya, a este hombrecillo le ha dado ahora por sacar sus huevos a reflotar. Muy bien, rubito, disfruta de la superioridad estratégica mientras te dure. Hijo de puta.»
Hanabi y Shanise aparecieron al fondo del pasillo de recepción, bajando las escaleras. En cuanto la mujer vio a los Uchiha, su rostro cambió: entrecerró los ojos, volvió a apretar los puños y se irguió como un resorte. Una extraña fuerza inundó entonces el lugar. A todos los presentes, menos a Hanabi, les tembló el pulso. Había algo en esa mujer que les daba algo de miedo.
Como si nada allí hubiera sucedido, la lider amejin pasó por delante de todos los presentes con presteza.
—Kaido, lleva a Daruu a su habitación y no te salgas del hospital hasta que vuelvan mis dos guardias. Entonces, les dices el número de su habitación y vuelves inmediatamente al barco —dijo al Tiburón, en un susurro quedo, tapándose la boca para que nadie pudiera leerle los labios.
—Akame, Datsue. En cuanto os hayan tratado las heridas, saldréis del hospital y vendréis a mi edificio. Os quedaréis haciendo guardia en la puerta, y no os moveréis de ahí. Bajo ningún concepto. ¿Queda claro? —ordenó Hanabi, dedicando una larga mirada a cada uno de los Uchiha. Sobretodo a Datsue. Especialmente a Datsue—. Los de Amegakure partirán esta noche. Y luego, tendremos un largo tiempo para pensar sobre lo ocurrido hoy. Y para prepararnos para lo peor, visto lo visto.
Shanise cruzó la puerta del hospital con semblante indignado, chocando prácticamente el hombro con Yubiwa.
—Wo-oooow. Vale, vale. Veo que habéis aclarado el... malentendido —dijo.
—No ha habido ningún malentendido, Yubiwa. Akame-kun trajo a Aotsuki Ayame para que recibiera tratamiento urgente. ¿Tú también eres un paranoico o qué?
—¿Yoooo? Para nada, ¡para nada, Hanabi-dono! Sólo soy un humilde sirviente de la Hierba. —El de las exóticas cejas hizo una reverencia—. Pero la situación era... tensa. Si llegase a pasar algo, alguien tendría que mediar, ¿no?
Hanabi entrecerró los ojos.
—¿Habéis perdido todos la cabeza? ¡Que no ha pasado nada!
—Sin duda, Hanabi-dono, no me considera usted lo suficientemente ingenuo como para hacerme creer dicha... afirmación —respondió el de Kusagakure, levantando la cabeza y observando a Akame fijamente con aquellos ojos en forma de anillo.
Hanabi apretó los puños y tembló. Estaban jugando con su paciencia. Mucho.
Yubiwa se reincorporó y se dio la vuelta.
—Bueno, chicos. Hora de volver a casa. ¡Ya no se nos requiere aquí! —rio Yubiwa, y echó a caminar, dándole una palmadita en el hombro a cada uno de sus ninjas.
Cuando tanto Shanise como Yubiwa hubieron desaparecido del mapa, y los Uchiha estuvieran listos para partir con él, Hanabi les haria una seña y comenzaría a caminar a buen ritmo hacia su cuartel.
—Esto que ha ocurrido aquí no ha sido algo puntual —dijo, y suspiró—. Desde lo de Zoku, todo el mundo se ha vuelto loco. Lo que me parece increíble es que seamos los únicos cuerdos en el panorama geopolítico de Oonindo. Ahora que, tampoco me extraña. —Agarró a los dos Uchiha y los atrajo hacia él como si fueran sus compadres—. Incluso cuando Shiona estaba al mando, habían problemas continuos. Yui es una psicópata, y Kenzou un hijo de puta manipulador. Shiona era amiga desde la infancia de Yui, y eso hacía que ella aflojara el puño. Y era buena con las negociaciones e implacable con los espías extranjeros: no dejaba que Kenzou se pasara de la raya. Ahora que no está, y después de que Zoku destrozase lo poco que le quedaba a Amegakure y a Kusagakure de paciencia en las venas... ahora es cuando veo que la Estabilidad de Shiona acaba de romperse.
»No obstante, eso no significa que debamos ceder ante provocaciones. Vosotros no conocéis la guerra, compañeros. Quizás os haga falta conocerla para ser tan cautos como vuestros mayores, es cierto, pero tampoco pienso dejar que paséis por eso. Confiad en mí y sed muy, muy cautos.
¿Pero hasta donde podrían ser cautos? ¿Cuándo estallaría un conflicto mundial? Quizás era sólo cuestión de tiempo, o quizá... Quizá todavía había esperanza.
—Cumpliré con mi parte. Espero que tus "Uchihas", a los que me refiero como "Uchihas" cumplan también tu parte.
—No somos tan indisciplinados como crees, Shanise-san. ¿Se puede decir lo mismo de vosotros?
«Vaya, a este hombrecillo le ha dado ahora por sacar sus huevos a reflotar. Muy bien, rubito, disfruta de la superioridad estratégica mientras te dure. Hijo de puta.»
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Hanabi y Shanise aparecieron al fondo del pasillo de recepción, bajando las escaleras. En cuanto la mujer vio a los Uchiha, su rostro cambió: entrecerró los ojos, volvió a apretar los puños y se irguió como un resorte. Una extraña fuerza inundó entonces el lugar. A todos los presentes, menos a Hanabi, les tembló el pulso. Había algo en esa mujer que les daba algo de miedo.
Como si nada allí hubiera sucedido, la lider amejin pasó por delante de todos los presentes con presteza.
—Kaido, lleva a Daruu a su habitación y no te salgas del hospital hasta que vuelvan mis dos guardias. Entonces, les dices el número de su habitación y vuelves inmediatamente al barco —dijo al Tiburón, en un susurro quedo, tapándose la boca para que nadie pudiera leerle los labios.
—Akame, Datsue. En cuanto os hayan tratado las heridas, saldréis del hospital y vendréis a mi edificio. Os quedaréis haciendo guardia en la puerta, y no os moveréis de ahí. Bajo ningún concepto. ¿Queda claro? —ordenó Hanabi, dedicando una larga mirada a cada uno de los Uchiha. Sobretodo a Datsue. Especialmente a Datsue—. Los de Amegakure partirán esta noche. Y luego, tendremos un largo tiempo para pensar sobre lo ocurrido hoy. Y para prepararnos para lo peor, visto lo visto.
Shanise cruzó la puerta del hospital con semblante indignado, chocando prácticamente el hombro con Yubiwa.
—Wo-oooow. Vale, vale. Veo que habéis aclarado el... malentendido —dijo.
—No ha habido ningún malentendido, Yubiwa. Akame-kun trajo a Aotsuki Ayame para que recibiera tratamiento urgente. ¿Tú también eres un paranoico o qué?
—¿Yoooo? Para nada, ¡para nada, Hanabi-dono! Sólo soy un humilde sirviente de la Hierba. —El de las exóticas cejas hizo una reverencia—. Pero la situación era... tensa. Si llegase a pasar algo, alguien tendría que mediar, ¿no?
Hanabi entrecerró los ojos.
—¿Habéis perdido todos la cabeza? ¡Que no ha pasado nada!
—Sin duda, Hanabi-dono, no me considera usted lo suficientemente ingenuo como para hacerme creer dicha... afirmación —respondió el de Kusagakure, levantando la cabeza y observando a Akame fijamente con aquellos ojos en forma de anillo.
Hanabi apretó los puños y tembló. Estaban jugando con su paciencia. Mucho.
Yubiwa se reincorporó y se dio la vuelta.
—Bueno, chicos. Hora de volver a casa. ¡Ya no se nos requiere aquí! —rio Yubiwa, y echó a caminar, dándole una palmadita en el hombro a cada uno de sus ninjas.
Cuando tanto Shanise como Yubiwa hubieron desaparecido del mapa, y los Uchiha estuvieran listos para partir con él, Hanabi les haria una seña y comenzaría a caminar a buen ritmo hacia su cuartel.
—Esto que ha ocurrido aquí no ha sido algo puntual —dijo, y suspiró—. Desde lo de Zoku, todo el mundo se ha vuelto loco. Lo que me parece increíble es que seamos los únicos cuerdos en el panorama geopolítico de Oonindo. Ahora que, tampoco me extraña. —Agarró a los dos Uchiha y los atrajo hacia él como si fueran sus compadres—. Incluso cuando Shiona estaba al mando, habían problemas continuos. Yui es una psicópata, y Kenzou un hijo de puta manipulador. Shiona era amiga desde la infancia de Yui, y eso hacía que ella aflojara el puño. Y era buena con las negociaciones e implacable con los espías extranjeros: no dejaba que Kenzou se pasara de la raya. Ahora que no está, y después de que Zoku destrozase lo poco que le quedaba a Amegakure y a Kusagakure de paciencia en las venas... ahora es cuando veo que la Estabilidad de Shiona acaba de romperse.
»No obstante, eso no significa que debamos ceder ante provocaciones. Vosotros no conocéis la guerra, compañeros. Quizás os haga falta conocerla para ser tan cautos como vuestros mayores, es cierto, pero tampoco pienso dejar que paséis por eso. Confiad en mí y sed muy, muy cautos.
¿Pero hasta donde podrían ser cautos? ¿Cuándo estallaría un conflicto mundial? Quizás era sólo cuestión de tiempo, o quizá... Quizá todavía había esperanza.
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