6/09/2018, 15:10
Pero su conversación con Akame se vio interrumpida por una nueva aparición. Era Hanabi, y, junto a él, Shanise. Sus miradas se intercambiaron por un breve instante, y Datsue sintió una indescriptible sensación. Era como si estuviese mirando a un león con la vista clavada en el cuello de él. O a una serpiente venenosa a la que acababa de pisar sin querer y se revolvía contra su tobillo.
Ese tipo de sensación.
Tras hablar algo con Kaido, la mujer se fue sin decir palabra. Una pequeña disculpa por casi rebanarle el cuello no habría estado mal. Pero eso, suponía Datsue, era demasiado pedir para el orgullo amejin.
La tensión se mantuvo en lo alto por un rato más, mientras Uzukage y Yubiwa discutían sobre lo que realmente había pasado. Cada uno tenía su punto de vista, como cada uno era de su padre y de su madre. Cuando todo terminó, el Uchiha se permitió el lujo de desactivar el Sharingan. La tormenta había amainado. El tiempo diría si de verdad o era una calma que precedía a otra mucho mayor.
Tras limpiar sus heridas y que le hiciesen un vendaje en condiciones, los Hermanos del Desierto caminaron junto a su Uzukage. El Uchiha disfrutó de aquella conversación. Por una vez, no le estaba echando la bronca. Aunque era una sensación agridulce. Tras haberse puesto al día, no conseguía quitarse de la cabeza que, si los de Kusa no hubiesen avisado a Ame y se hubiesen largado en el barco, él hubiese tenido una oportunidad de oro.
La oportunidad de sugerir a Hanabi de hacer un trueque. Un intercambio de rehenes. Pero esa oportunidad había desaparecido en cuanto los brócolis se pusieron en medio.
Cautela. Hanabi les pedía ser cautos. Aquello iba en contra de lo que Datsue necesitaba hacer. De lo que debía hacer. Pero, al mismo tiempo, se preguntó: ¿merecía la pena? ¿Provocaría una guerra por culpa de solo una persona? ¿La muerte de millares por una? Era, quizá, ¿el momento de madurar? ¿De asumir que así era la vida? O, por el contrario, ¿de coger el toro por los cuernos de una vez y actuar? ¿Actuar de verdad?
Suspiró. Tomase la decisión que tomase, tenía que darse prisa. El Sello de Rastreo no iba a durar eternamente.
El Uchiha imitó a su Hermano, apoyando la espalda y un pie sobre la pared del Edificio del Uzukage. Estaba muerto. Física y mentalmente. Como si hubiese corrido un auténtico maratón de una punta a otra de Oonindo mientras no paraban de lanzarle jutsus mortales.
—Por las tetas de Amaterasu... —dejó escapar, mirando de soslayo a Datsue—. Menudo día, ¿eh, compadre?
Un día que esperaba no volver a sufrir en la vida.
—Necesito un cigarro.
Ese tipo de sensación.
Tras hablar algo con Kaido, la mujer se fue sin decir palabra. Una pequeña disculpa por casi rebanarle el cuello no habría estado mal. Pero eso, suponía Datsue, era demasiado pedir para el orgullo amejin.
La tensión se mantuvo en lo alto por un rato más, mientras Uzukage y Yubiwa discutían sobre lo que realmente había pasado. Cada uno tenía su punto de vista, como cada uno era de su padre y de su madre. Cuando todo terminó, el Uchiha se permitió el lujo de desactivar el Sharingan. La tormenta había amainado. El tiempo diría si de verdad o era una calma que precedía a otra mucho mayor.
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Tras limpiar sus heridas y que le hiciesen un vendaje en condiciones, los Hermanos del Desierto caminaron junto a su Uzukage. El Uchiha disfrutó de aquella conversación. Por una vez, no le estaba echando la bronca. Aunque era una sensación agridulce. Tras haberse puesto al día, no conseguía quitarse de la cabeza que, si los de Kusa no hubiesen avisado a Ame y se hubiesen largado en el barco, él hubiese tenido una oportunidad de oro.
La oportunidad de sugerir a Hanabi de hacer un trueque. Un intercambio de rehenes. Pero esa oportunidad había desaparecido en cuanto los brócolis se pusieron en medio.
Cautela. Hanabi les pedía ser cautos. Aquello iba en contra de lo que Datsue necesitaba hacer. De lo que debía hacer. Pero, al mismo tiempo, se preguntó: ¿merecía la pena? ¿Provocaría una guerra por culpa de solo una persona? ¿La muerte de millares por una? Era, quizá, ¿el momento de madurar? ¿De asumir que así era la vida? O, por el contrario, ¿de coger el toro por los cuernos de una vez y actuar? ¿Actuar de verdad?
Suspiró. Tomase la decisión que tomase, tenía que darse prisa. El Sello de Rastreo no iba a durar eternamente.
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El Uchiha imitó a su Hermano, apoyando la espalda y un pie sobre la pared del Edificio del Uzukage. Estaba muerto. Física y mentalmente. Como si hubiese corrido un auténtico maratón de una punta a otra de Oonindo mientras no paraban de lanzarle jutsus mortales.
—Por las tetas de Amaterasu... —dejó escapar, mirando de soslayo a Datsue—. Menudo día, ¿eh, compadre?
Un día que esperaba no volver a sufrir en la vida.
—Necesito un cigarro.
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)
¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP! ¡Y a Reiji y Ayame por la firmaza! Si queréis una parecida, este es el lugar adecuado