6/09/2018, 16:44
(Última modificación: 6/09/2018, 16:49 por Inuzuka Etsu. Editado 1 vez en total.)
Pese a todo, la situación pareció estabilizarse.
La calma cundió, al menos en parte, y bajo la mirada de Yubiwa todos los Kusajines esperaron a ver cuál sería el siguiente paso a dar. Tras un buen rato, y caso omiso de éste hacia el chico de la araña en la cabeza, Hanabi salió del hospital. Tropezó con descaro con el de cejas bien pobladas, y una conversación de lo más inverosimil tuvo lugar. Obviamente, Etsu y Akane no tenían nada que decir, ni nada con lo que intervenir. Realmente no querían molestar en esa conversación entre lider y co-lider de aldea.
Todo pasó, y Yubiwa anunció a los allí presentes de su aldea que podían ir al barco. Con lo dicho, y una palmadita en la espalda, los Inuzuka comenzaron el camino de regreso. Al igual que el chico de la araña, y seguramente el resto. Era extraño que alguien se quedase allí desobedeciendo a Yubiwa, y poniendo más tensión aún a la situación.
Etsu y Akane se dirigieron sin oscilaciones al barco, sin ningún tipo de entretenimiento. Entre tanto, una duda inaplacable comenzó a rondar la cabeza del rastas. Quedó en silencio, ni contestó al chico de la araña gigante, ni a la misma... la maldita hablaba hasta por los codos.
«Tío... me he sentido vivo por un momento... emocionado.... ¿y por qué? porque pensaba que había estallado la puta guerra. Ésto está mal... ESTO ESTÁ MAL. Por dios, ¿cómo has podido sentirte tan emocionado por que se desate un conflicto? Vas a convertirte en el shinobi mas fuerte del mundo... pero no debes convertirte en un maldito monstruo que disfruta haciendo sufrir a los otros... una guerra solo es sufrimiento para todos... ¿¿¡¡POR QUÉ TE HAS SENTIDO ASÍ!!??»
Sin duda, ahora que reflexionaba por el camino, realmente se sentía mal. Su acostumbrada sonrisa se había borrado de su rostro, y eso era mas que visible. Sus orbes, sumisos en el infinito, sin apreciar nada, tan solo lo confirmaban. Akane, que conocía perfectamente a su hermano, se vio obligado a ello. Sin mediar palabra, le propinó un leve mordisco en el gemelo. Apenas hincó los dientes, solo era un aviso...
Pase lo que pase, estamos juntos.
Sencillo, directo, y con alma. Su hermano, su mejor amigo, sangre de su sangre pues compartía su apellido. Akane nunca se separaría de él. Lo miró, e intentó burdamente sonreír. Le costó, mucho mas que tener que hacerse 3000 flexiones, o dar 1000 vueltas al campo de entrenamiento del dojo familiar.
—Gracias.
Pronto estarían de vuelta a casa.
La calma cundió, al menos en parte, y bajo la mirada de Yubiwa todos los Kusajines esperaron a ver cuál sería el siguiente paso a dar. Tras un buen rato, y caso omiso de éste hacia el chico de la araña en la cabeza, Hanabi salió del hospital. Tropezó con descaro con el de cejas bien pobladas, y una conversación de lo más inverosimil tuvo lugar. Obviamente, Etsu y Akane no tenían nada que decir, ni nada con lo que intervenir. Realmente no querían molestar en esa conversación entre lider y co-lider de aldea.
Todo pasó, y Yubiwa anunció a los allí presentes de su aldea que podían ir al barco. Con lo dicho, y una palmadita en la espalda, los Inuzuka comenzaron el camino de regreso. Al igual que el chico de la araña, y seguramente el resto. Era extraño que alguien se quedase allí desobedeciendo a Yubiwa, y poniendo más tensión aún a la situación.
Etsu y Akane se dirigieron sin oscilaciones al barco, sin ningún tipo de entretenimiento. Entre tanto, una duda inaplacable comenzó a rondar la cabeza del rastas. Quedó en silencio, ni contestó al chico de la araña gigante, ni a la misma... la maldita hablaba hasta por los codos.
«Tío... me he sentido vivo por un momento... emocionado.... ¿y por qué? porque pensaba que había estallado la puta guerra. Ésto está mal... ESTO ESTÁ MAL. Por dios, ¿cómo has podido sentirte tan emocionado por que se desate un conflicto? Vas a convertirte en el shinobi mas fuerte del mundo... pero no debes convertirte en un maldito monstruo que disfruta haciendo sufrir a los otros... una guerra solo es sufrimiento para todos... ¿¿¡¡POR QUÉ TE HAS SENTIDO ASÍ!!??»
Sin duda, ahora que reflexionaba por el camino, realmente se sentía mal. Su acostumbrada sonrisa se había borrado de su rostro, y eso era mas que visible. Sus orbes, sumisos en el infinito, sin apreciar nada, tan solo lo confirmaban. Akane, que conocía perfectamente a su hermano, se vio obligado a ello. Sin mediar palabra, le propinó un leve mordisco en el gemelo. Apenas hincó los dientes, solo era un aviso...
Pase lo que pase, estamos juntos.
Sencillo, directo, y con alma. Su hermano, su mejor amigo, sangre de su sangre pues compartía su apellido. Akane nunca se separaría de él. Lo miró, e intentó burdamente sonreír. Le costó, mucho mas que tener que hacerse 3000 flexiones, o dar 1000 vueltas al campo de entrenamiento del dojo familiar.
—Gracias.
Pronto estarían de vuelta a casa.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~