6/09/2018, 18:06
—Ayame-chan —respondió Shanise, y aunque su superiora esbozó una sonrisa cargada de alegría, AYame no había podido evitar encogerse sobre sí misma, como si temiera que en cualquier momento se abalanzara sobre ella o la golpeara o...
Después de todo, lo merecía. Los altos cargos ya debían de estar hartos de ella. Y no quería ni pensar en lo que pasaría cuando Yui se enterara.
«Da igual. Me lo merecería. Me lo merezco todo...»
Sin embargo, nada de eso ocurrió. Shanise se acercó a ella, pero no de forma violenta, sino amigable, afable. Y eso era aún peor.
—Qué alivio verte bien—dijo, y de repente cambió su sonrisa a un gesto sombrío y serio—. Necesito que mantengas la calma todo lo posible. Ya habrá tiempo de hablar sobre tu pérdida de control, Ayame. Esto es serio. Esto es importante. ¿Puedes moverte?
Eso la descolocó aún más. Quizás por la confusión, quizás porque los efectos de los sedantes no habían terminado de desvanecerse, la pregunta aún tardó algunos segundos en llegar a su cerebro.
—Creo... que... sí... ¡Ah! —farfulló la muchacha, apretando los dientes para no gritar de dolor ante la demanda de Shanise. El simple hecho de lograr arquear el cuerpo hizo restallar varios látigos contra sus costillas y su abdomen. Y tardó algunos segundos en hacerlo, pero al final consiguió incorporarse muy a duras penas, y para cuando lo hizo jadeaba con esfuerzo y dolor. Temblorosa, terminó de levantarse, pero poco le faltó para volver a desplomarse sobre la camilla. En su lugar apoyó la mano sobre el colchón y se tapó momentáneamente los ojos con la otra, terriblemente mareada—. ¿Por... por qué...? ¿Dónde vamos, Shanise-senpai?
Tenía miles de preguntas zumbando en su cerebro como un furioso enjambre de abejas, todas ellas deseando salir de sus labios. Pero, lamentablemente para ella, no parecía el momento adecuado.
Después de todo, lo merecía. Los altos cargos ya debían de estar hartos de ella. Y no quería ni pensar en lo que pasaría cuando Yui se enterara.
«Da igual. Me lo merecería. Me lo merezco todo...»
Sin embargo, nada de eso ocurrió. Shanise se acercó a ella, pero no de forma violenta, sino amigable, afable. Y eso era aún peor.
—Qué alivio verte bien—dijo, y de repente cambió su sonrisa a un gesto sombrío y serio—. Necesito que mantengas la calma todo lo posible. Ya habrá tiempo de hablar sobre tu pérdida de control, Ayame. Esto es serio. Esto es importante. ¿Puedes moverte?
Eso la descolocó aún más. Quizás por la confusión, quizás porque los efectos de los sedantes no habían terminado de desvanecerse, la pregunta aún tardó algunos segundos en llegar a su cerebro.
—Creo... que... sí... ¡Ah! —farfulló la muchacha, apretando los dientes para no gritar de dolor ante la demanda de Shanise. El simple hecho de lograr arquear el cuerpo hizo restallar varios látigos contra sus costillas y su abdomen. Y tardó algunos segundos en hacerlo, pero al final consiguió incorporarse muy a duras penas, y para cuando lo hizo jadeaba con esfuerzo y dolor. Temblorosa, terminó de levantarse, pero poco le faltó para volver a desplomarse sobre la camilla. En su lugar apoyó la mano sobre el colchón y se tapó momentáneamente los ojos con la otra, terriblemente mareada—. ¿Por... por qué...? ¿Dónde vamos, Shanise-senpai?
Tenía miles de preguntas zumbando en su cerebro como un furioso enjambre de abejas, todas ellas deseando salir de sus labios. Pero, lamentablemente para ella, no parecía el momento adecuado.