6/09/2018, 18:56
(Última modificación: 6/09/2018, 19:06 por Aotsuki Ayame. Editado 1 vez en total.)
Pero Shanise no estaba por la labor de quedarse esperando de brazos cruzados. Parecía que tenía prisa por marcharse cuanto antes del lugar. Tomó su capa de viaje (que estaba colgada detrás de la puerta), y rebuscó en los bolsillos hasta que cogió dos pastillas que le tendió a una Ayame que torcía el gesto, no muy convencida con la acción.
—Toma, unos analgésicos que me han dado los médicos del hospital —le dijo. Dada la aparente urgencia del momento, Ayame no se vio con ganas de discutir al respecto y terminó por tomárselas a desgana acompañándolas con un buen trago de agua. Después, imitando a su superiora, tomó sus ropajes (llenos de polvo y con varias quemaduras según pudo observar) y comenzó a vestirse—. Nos vamos al barco, Ayame. De vuelta a Amegakure. ¿No recuerdas nada de lo que ha pasado desde tu transformación, verdad?
—¿Q... qué? —balbuceó, evidentemente sorprendida por aquella repentina noticia—. No... yo...
—Daruu se abalanzó sobre ti quien sabe para qué, supongo que sabría lo que estaba haciendo, pero no hemos hablado —le explicó, y su voz se transformó en un gruñido cuando pronunció el siguiente nombre—. Luego, Uchiha Akame hizo lo mismo. También estaba Eri. Los tres os teletransportasteis Dios sabe donde, sin ninguna explicación.
—Los... los conozco... —asintió ella, ligeramente confundida y terriblemente abochornada por la situación. Uchiha Akame, el ganador del Torneo de los Dojos contra el que había perdido de forma tan estrepitosa; Uzumaki Eri, prácticamente la única amiga que tenía en aquella villa.
—Cogí mi espada dispuesta a sacarle al otro Uchiha a dónde os habían llevado, pero Hanabi se interpuso. Temí que te hubieran secuestrado —confesó Shanise, entrecerrando los ojos peligrosamente—. Y no sé todavía si me he equivocado o no.
—Co... ¿Cómo?
—Estaba organizando una partida de búsqueda cuando Yubiwa vino a buscarme, diciéndome que uno de sus ninjas había oído a una tal Eri hablar con Hanabi y decirle que estábais en el hospital. Cuando llegué allí, me encontré con un cuento bastante funesto. A ti te estaban tratando, sí, pero quien me vino a buscar no fue Hanabi mismo sino Yubiwa. Sin duda porque pensaban que Uzushio te había secuestrado también. Y lo primero que vi... Fue como traían a Daruu arrastrándolo por el suelo, sedado, con la nariz rota y esposado como un prisionero. Y a ese Uchiha Akame con un buen corte, probablemente hecho por Daruu.
Shanise dio un largo suspiro, y Ayame agradeció la tregua porque tantos datos y tanta información de golpe la estaban mareando y se vio obligada a apoyarse de nuevo en la cama para no desfallecer.
—E... espera...
—No creo que Amedama Daruu hubiera atacado al Uchiha sin motivo, especialmente si tal y como decía Hanabi, Akame y Eri sólo ayudaron. ¿Sabes qué, Ayame? Creo que no "sólo ayudaron". Y creo que deberíamos de irnos a casa YA.
La habitación no dejaba de dar vueltas a su alrededor, y Ayame tuvo que sujetársela para no sentir que el mundo se le venía encima. Cerró los ojos momentáneamente, hiperventilando, con toda aquella información dando tumbos en su cerebro de forma caótica y desordenada, tratando de calar en su confundido cerebro. ¡Odiaba aquellos momentos en los que no recordaba absolutamente nada!
—¿Daruu... esposado? ¡¿Dónde está?! ¿No has hablado con él? —preguntó de repente, alarmada y asustada—. ¡Él debe saber lo que ocurrió de verdad si estaba conmigo! O quizás Eri... o... Akame...
—Toma, unos analgésicos que me han dado los médicos del hospital —le dijo. Dada la aparente urgencia del momento, Ayame no se vio con ganas de discutir al respecto y terminó por tomárselas a desgana acompañándolas con un buen trago de agua. Después, imitando a su superiora, tomó sus ropajes (llenos de polvo y con varias quemaduras según pudo observar) y comenzó a vestirse—. Nos vamos al barco, Ayame. De vuelta a Amegakure. ¿No recuerdas nada de lo que ha pasado desde tu transformación, verdad?
—¿Q... qué? —balbuceó, evidentemente sorprendida por aquella repentina noticia—. No... yo...
—Daruu se abalanzó sobre ti quien sabe para qué, supongo que sabría lo que estaba haciendo, pero no hemos hablado —le explicó, y su voz se transformó en un gruñido cuando pronunció el siguiente nombre—. Luego, Uchiha Akame hizo lo mismo. También estaba Eri. Los tres os teletransportasteis Dios sabe donde, sin ninguna explicación.
—Los... los conozco... —asintió ella, ligeramente confundida y terriblemente abochornada por la situación. Uchiha Akame, el ganador del Torneo de los Dojos contra el que había perdido de forma tan estrepitosa; Uzumaki Eri, prácticamente la única amiga que tenía en aquella villa.
—Cogí mi espada dispuesta a sacarle al otro Uchiha a dónde os habían llevado, pero Hanabi se interpuso. Temí que te hubieran secuestrado —confesó Shanise, entrecerrando los ojos peligrosamente—. Y no sé todavía si me he equivocado o no.
—Co... ¿Cómo?
—Estaba organizando una partida de búsqueda cuando Yubiwa vino a buscarme, diciéndome que uno de sus ninjas había oído a una tal Eri hablar con Hanabi y decirle que estábais en el hospital. Cuando llegué allí, me encontré con un cuento bastante funesto. A ti te estaban tratando, sí, pero quien me vino a buscar no fue Hanabi mismo sino Yubiwa. Sin duda porque pensaban que Uzushio te había secuestrado también. Y lo primero que vi... Fue como traían a Daruu arrastrándolo por el suelo, sedado, con la nariz rota y esposado como un prisionero. Y a ese Uchiha Akame con un buen corte, probablemente hecho por Daruu.
Shanise dio un largo suspiro, y Ayame agradeció la tregua porque tantos datos y tanta información de golpe la estaban mareando y se vio obligada a apoyarse de nuevo en la cama para no desfallecer.
—E... espera...
—No creo que Amedama Daruu hubiera atacado al Uchiha sin motivo, especialmente si tal y como decía Hanabi, Akame y Eri sólo ayudaron. ¿Sabes qué, Ayame? Creo que no "sólo ayudaron". Y creo que deberíamos de irnos a casa YA.
La habitación no dejaba de dar vueltas a su alrededor, y Ayame tuvo que sujetársela para no sentir que el mundo se le venía encima. Cerró los ojos momentáneamente, hiperventilando, con toda aquella información dando tumbos en su cerebro de forma caótica y desordenada, tratando de calar en su confundido cerebro. ¡Odiaba aquellos momentos en los que no recordaba absolutamente nada!
—¿Daruu... esposado? ¡¿Dónde está?! ¿No has hablado con él? —preguntó de repente, alarmada y asustada—. ¡Él debe saber lo que ocurrió de verdad si estaba conmigo! O quizás Eri... o... Akame...