10/09/2018, 17:42
(Última modificación: 10/09/2018, 17:48 por Uchiha Akame. Editado 1 vez en total.)
«Así que Amegakure y Kusagakure alinearon temporalmente sus intereses contra nosotros... Imagino que al pensar que nos habíamos llevado a la jinchuuriki para usarla en su contra. Tiene sentido.»
Akame escuchaba atentamente los variopintos relatos de sus compañeros. Pese a que divergían en algunos detalles, todos estaban de acuerdo en que después de que él se hubiese teletransportado lejos del Estadio llevándose a Ayame, Eri y Daruu, se había desatado el caos. El Inuzuka y Reiji habían acudido en ayuda de Datsue, a por quien se habían lanzado todos los kusajin, y luego de alguna forma todos se habían enterado de que Akame y los dos amejin estaban en el hospital.
Ante la pregunta de Eri, el Uchiha se cruzó de brazos.
—La ingresaron en Cuidados Intensivos, eso es todo lo que sé —respondió, aunque luego agregó—. Hanabi-sama estaba en contacto con la representante de la Arashikage en Uzu, así que supongo que tanto ella como el amejin volverán a su Aldea sanos y salvos.
«¿Realmente esto ha sido lo correcto?» Akame se había planteado brevemente si capturar a la jinchuuriki y al otro genin había sido lo correcto, pero tras saber de las reacciones de Shanise y Yubiwa en el Estadio, no tenía duda. Si hubiesen dudado, no sólo la descontrolada bestia habría arrasado con el Estadio sin que ninguno de los ninjas de la Lluvia hubiese hecho nada por detenerla, sino que probablemente ambas Aldeas habrían aprovechado la coyuntura para sacar tajada. «Nos vieron débiles...»
De repente, las palabras de Nabi capturaron la atención del jōnin. O más bien, la atraparon por completo. Había sido la sola mención de un nombre: "Keisuke". El Inuzuka aseguró que la lugarteniente de Amekoro Yui había ordenado que le mataran, justo después de intentar hacer ella lo propio con Datsue. «Esa perra...» Akame apretó los dientes, lanzándole una mirada fugaz a su Hermano.
«Esto es por tu culpa, joder. Espero que estés contento.»
Volvió la vista hacia el trío de genin y suspiró.
—El Pacto se ha ido al diablo, aunque no haya una declaración de guerra formal, ahora ya nada garantiza la paz entre las Aldeas —aseguró Akame, sombrío—. De ahora en adelante todos debemos tener muchísimo más cuidado con cualquier ninja extranjero. Ya hemos visto de lo que son capaces si se sienten amenazados... O si creen que pueden sacar beneficio a nuestra costa.
La Paz de Shiona había ardido hasta los cimientos, y cada bando tenía a un culpable claro justo enfrente.
—Todos vamos a tener que entrenar más duro que nunca. Si nuestros enemigos nos ven débiles, será el fin de Uzushiogakure no Sato.
Akame escuchaba atentamente los variopintos relatos de sus compañeros. Pese a que divergían en algunos detalles, todos estaban de acuerdo en que después de que él se hubiese teletransportado lejos del Estadio llevándose a Ayame, Eri y Daruu, se había desatado el caos. El Inuzuka y Reiji habían acudido en ayuda de Datsue, a por quien se habían lanzado todos los kusajin, y luego de alguna forma todos se habían enterado de que Akame y los dos amejin estaban en el hospital.
Ante la pregunta de Eri, el Uchiha se cruzó de brazos.
—La ingresaron en Cuidados Intensivos, eso es todo lo que sé —respondió, aunque luego agregó—. Hanabi-sama estaba en contacto con la representante de la Arashikage en Uzu, así que supongo que tanto ella como el amejin volverán a su Aldea sanos y salvos.
«¿Realmente esto ha sido lo correcto?» Akame se había planteado brevemente si capturar a la jinchuuriki y al otro genin había sido lo correcto, pero tras saber de las reacciones de Shanise y Yubiwa en el Estadio, no tenía duda. Si hubiesen dudado, no sólo la descontrolada bestia habría arrasado con el Estadio sin que ninguno de los ninjas de la Lluvia hubiese hecho nada por detenerla, sino que probablemente ambas Aldeas habrían aprovechado la coyuntura para sacar tajada. «Nos vieron débiles...»
De repente, las palabras de Nabi capturaron la atención del jōnin. O más bien, la atraparon por completo. Había sido la sola mención de un nombre: "Keisuke". El Inuzuka aseguró que la lugarteniente de Amekoro Yui había ordenado que le mataran, justo después de intentar hacer ella lo propio con Datsue. «Esa perra...» Akame apretó los dientes, lanzándole una mirada fugaz a su Hermano.
«Esto es por tu culpa, joder. Espero que estés contento.»
Volvió la vista hacia el trío de genin y suspiró.
—El Pacto se ha ido al diablo, aunque no haya una declaración de guerra formal, ahora ya nada garantiza la paz entre las Aldeas —aseguró Akame, sombrío—. De ahora en adelante todos debemos tener muchísimo más cuidado con cualquier ninja extranjero. Ya hemos visto de lo que son capaces si se sienten amenazados... O si creen que pueden sacar beneficio a nuestra costa.
La Paz de Shiona había ardido hasta los cimientos, y cada bando tenía a un culpable claro justo enfrente.
—Todos vamos a tener que entrenar más duro que nunca. Si nuestros enemigos nos ven débiles, será el fin de Uzushiogakure no Sato.