6/09/2018, 16:30
(Última modificación: 6/09/2018, 16:30 por Amedama Daruu.)
Daruu despertó plácidamente de un sueño del que esperaba no volver. Durante una media hora, sus ojos sin vida contemplaron el techo y reflexionaron sobre todo lo que había pasado. Pusieron los acontecimientos en orden dentro de su cabeza. Intentaron adivinar qué había sido de él, por qué Hanabi no había acabado con su vida y dónde se encontraba en estos momentos. La última pregunta fue la mas fácil de adivinar, dado que las paredes de la habitación se parecían a las del lugar donde falsamente había sido asesinado. Las otras las contestó amablemente un superior de su villa, que revisó su estado poco después y le obligó a vestirse.
Se miró en el espejo una última vez antes de salir de su habitación del hospital. La mitad del cuerpo tenía una quemadura algo fea, pero no grave. Se curaría. Tal vez con el paso de los días, o las semanas, pero se curaría. No era eso lo que más le preocupaba, a decir verdad.
Salió, languido, y siguió a sus guardias personales mientras le informaban de todo lo que había pasado. En el rostro de Daruu no hubo sorpresa, ni enfado, ni tristeza. Es cierto que sintió algo de alivio al ver a sus compatriotas, y desde luego mucho más al saber que Ayame estaba a salvo y en compañía de Shanise, pero nada más. Él se limitaba a seguirles, cabizbajo.
Cuando paseó por el embarcadero y subió al vehículo que les llevaría de vuelta a la villa, Daruu se supo un traidor.
Se miró a los ojos, legado inmerecido de su madre, en el espejo de su camarote. Los cerró, y se dejó caer en la cama como quien se arroja al fondo de un acantilado.
Muerto por dentro, vivo por fuera.
Se miró en el espejo una última vez antes de salir de su habitación del hospital. La mitad del cuerpo tenía una quemadura algo fea, pero no grave. Se curaría. Tal vez con el paso de los días, o las semanas, pero se curaría. No era eso lo que más le preocupaba, a decir verdad.
Salió, languido, y siguió a sus guardias personales mientras le informaban de todo lo que había pasado. En el rostro de Daruu no hubo sorpresa, ni enfado, ni tristeza. Es cierto que sintió algo de alivio al ver a sus compatriotas, y desde luego mucho más al saber que Ayame estaba a salvo y en compañía de Shanise, pero nada más. Él se limitaba a seguirles, cabizbajo.
Cuando paseó por el embarcadero y subió al vehículo que les llevaría de vuelta a la villa, Daruu se supo un traidor.
«Traidor a mi país, por siquiera pensar en actuar a sus espaldas para ayudar a un enemigo de la villa.»
«Traidor a mi amor, por dejar a Ayame y a Kaido en el Círculo de Piedras Ancestrales aquél fatídico día.»
«Traidor a mi sangre, por dejarme llevar por necias palabras de rata y arriesgar por ello en vano mi vida.»
«Traidor a mi amor, por dejar a Ayame y a Kaido en el Círculo de Piedras Ancestrales aquél fatídico día.»
«Traidor a mi sangre, por dejarme llevar por necias palabras de rata y arriesgar por ello en vano mi vida.»
Se miró a los ojos, legado inmerecido de su madre, en el espejo de su camarote. Los cerró, y se dejó caer en la cama como quien se arroja al fondo de un acantilado.
Muerto por dentro, vivo por fuera.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)